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ANÁLISIS DE CULTURA

Propaganda útil

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura3 min
Cultura31-10-2016

Propaganda. Difusión o divulgación de información, ideas u opiniones de carácter político, religioso, comercial, etc. ¿Intención? Que alguien actúe de una determinada manera o piense según desee el emisor de la misma. Del I want you por U.S Army a los mensajes directos que las candidaturas de Podemos Comunidad de Madrid han comenzado a mandar a través de Twitter, con la novedad de lanzarlos individualizados, de tal manera que comienzan con un “Hola Marta, ¿qué tal?” Instintivamente el receptor esboza una sonrisa y piensa, anda, se han acordado de mí. Cinco segundos después se da de bruces con la realidad. No, no se han acordado de ti, es un programa que capta tu nombre de forma automática. La propaganda ya no tiene límites.

¿Me invitará a dar una vuelta en su utilitario o a comer un cochinillo en Segovia? Todo por un militante, Pedro
La propaganda puede venderse como entrevista en la que el emisor lanza una serie de mensajes para que le votes sin estar aún en campaña. Aunque no sepas muy bien hacia dónde va el susodicho. ¿Me invitará a dar una vuelta en su utilitario o a comer un cochinillo en Segovia? Todo por un militante, Pedro.

La propaganda es más antigua de lo que creemos. En el siglo XIII España hacía uso de ella, y vaya si lo hacía. Era la dinastía nazarí la que se encargaba con engalanados mensajes que quedarían para la posteridad. No es un cartel al que pintarle un diente de color negro (anda que no habéis pensado alguno en hacerlo), sino muros, arcos, fuentes y columnas donde inscribir mensajes políticos. No, amigos, cuando vamos a La Alhambra y vemos esos textos lo primero que pensamos es en bellos poemas, que tambien. Pero vamos más allá. “No hay más vencedor que Alá”, se puede leer en algunos de ellos en árabe clásico según las investigaciones iniciadas nada menos que hace 500 años. “A espada y a la fuerza entraste, abriendo puerta antes cerrada” reza el verso 4 del poema del Patio de arrayanes de Ibn Zamrak.

Desde los edictos de Asoka del siglo III a.C conservados en columnas y rocas colocados cerca de las rutas comerciales o centros religiosos para que fueran vistos. En India y en China eran unos adelantados en este viejo arte de la persuasión, antes de que llegara el ambiente de rivalidad internacional del siglo XX, aquellos carteles en los que se promueve el trabajo femenino o se ensalzaba la Segunda Guerra Mundial.

La gente es lo suficientemente inteligente para saber analizar la diferencia entre lo que les venden y lo que quiere
La propaganda no engaña a la gente, sino que simplemente les ayuda a engañarse a sí mismos, decía Eric Hoffer. Yo añadiría que la gente es lo suficientemente inteligente para saber analizar la diferencia entre lo que les venden y lo que quieren. Existen países donde es más evidente, otros donde sin querer la población la digiere, como el típico puré de verduras que te daban de pequeño, que se supone no las llevaba pero siempre encontrabas trazas.

Quizás la que más me maraville sea la americana. Según se acerca la cita electoral los mensajes se vuelven más explícitos, agresivos, nerviosos. El equipo de Hillary Clinton ha gastado hasta el 19 de octubre 360 millones de dólares, el de Donald Trump 147. Aún le quedan 55 millones a la primera, 32 al segundo, que ha encontrado en sus incendiarios mensajes en Twitter la herramienta gratuita de “captación” de votantes. La política cuesta mucho dinero. La cuestión está en que no la matemos de tanto venderla.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press