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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Zombies de referencia

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura3 min
Sociedad31-10-2016

No es novedad. No me gusta Halloween. La hemeroteca de LaSemana.es da prueba de ello. Tampoco me gustan las películas ni las historias de miedo. Para eso está la realidad, con sus injusticias y sus demonios. Para eso están las noticias, con sus silencios y su apatía ante tanta barbarie como hay repartida por el mundo. Para eso está el sufrimiento de las personas en esta humanidad inhumana y apática que prefiere la sangre sintética y los disfraces de monstruos y fantasmas made in China a llevar a los niños a los entierros. La gente se muere, señores, aunque nos guste más criticar la postura de la Iglesia ante las incineraciones que creer en Dios. 

Hay que reconocer que todo lo que se disfraza de fiesta, en esta querida España, tiene visos de triunfo, menos cuestiones políticamente incorrectas que ahora no vienen al caso. Por eso, aunque nos duela a algunos, Halloween ha dado una estocada en el pecho al mismísimo don Juan Tenorio, este conquistador de novicias que llegó a arrepentirse de su mala vida. Aquí muy pocos reconocen las cosas y menos se arrepienten de los errores. Pero, como ya escribí, mola Halloween, aunque ya puestos, deberíamos importar también el Dios bendiga América y españolizar la expresión. No hay narices. Sí, que Dios nos bendiga. Falta hace.

Estos días miles de niños jóvenes y eternos adolescentes se han disfrazado en España de fantasmas, brujas, zombies, ángeles negros, demonios y otros muchos seres insoportablemente terroríficos. Habrán encontrado inspiración en películas, series, libros y vídeos virales de Internet. Y consiguen su efecto: que les miren y que los más pequeños y sensibles sientan miedo y rechazo. 

Pero apostaría que pocos han buscado referencias en los muertos vivientes reales que tiene el mundo, como quienes protagonizan las imágenes del fotógrafo James Nachtwey, que hace apenas unos días ha recogido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Nachtwey lleva cuatro décadas en zonas de guerra, inmortalizando a quienes están en zonas de guerra, campos de refugiados, ciudades arrasadas por terremotos, inundaciones o afectadas por ataques terroristas. Sus fotografías, más que a la vista, duelen a la conciencia y se atragantan. Desvelan el sufrimiento inexplicable de hombres, mujeres y niños, heridos, malnutridos, enfermos, abandonados, desesperados, sumidos en el llanto, víctimas de la brutalidad y la violencia. 

Pero, seguramente, las imágenes que Nachtwey y otros muchos se sienten obligados a difundir y denunciar no inspirarán los disfraces de las fiestas mortuorias de Halloween. Ni siquiera sus protagonistas merecen ser considerados como zombies de referencia para 'la noche más terrorífica del año'. Y eso que ellos ponen la cara al horror en muchas partes del planeta: como la vapuleada población de Haití, los niños en shock en la guerra de Siria, las gentes hambrientas y desplazadas de Sudán del Sur o los pequeños esclavizados en Asia. Son auténticas vidas fantasmagóricas que tienen poco que celebrar en Halloween y, ni siquiera llaman la atención para que alguien quiera ser, ni por una noche, como ellos, con sus harapos y tragedias.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo