SIN CONCESIONES
El gafe de las primarias

Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión05-10-2016
Hace dos años debimos suponer que Pedro Sánchez gozaría de poco futuro en política. Tendríamos que haber asumido que el vencedor de unas primarias nunca llegaría lejos. Era fácil preverlo a la luz de los antecedentes en el PSOE. Sin embargo, creímos vivir una nueva era. Pensamos que todo era distinto tras el 15-M y la aparición de Podemos en las elecciones europeas. Ilusos nos convencimos a nosotros mismos de que la política había mutado para siempre y que el funcionamiento de los partidos debía ser más democrático, más transparente y más directo. Cuando Pedro Sánchez ganó las primarias a Eduardo Madina supuso un hito de participación. "Un militante, un voto", exclamaban orgullosos los socialistas. Creían ser precursores de una nueva forma de elegir al líder y, a la vez, censuraban a Mariano Rajoy por haber sido escogido en 2003 a través el dedazo de José María Aznar.
El militante ni pinta ni tiene derecho a opinar en el partido que tanto alardeaba de primariasAquel éxtasis de democracia interna y de gestión horizontal del partido más antiguo de España apenas ha durado un bienio. Otro triste bienio para la hemeroteca del progresismo nacional. Los críticos, con la andaluza Susana Díaz a la cabeza, se han cargado de un plumazo las primarias y la consiguiente autoridad de los afiliados. Una vez más, vuelve a imponerse la fuerza de los cuadros del partido y los cambalaches de poder entre los barones territoriales. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen, igual que tanto critican en el PP. Queda demostrado que el militante ni pinta ni tiene derecho a opinar en el partido que tanto alardeaba de primarias. Pedro Sánchez no es el primer damnificado y tampoco será el último. Sus propios compañeros le han apuñalado como a Julio César, como antes hicieron con Josep Borrell, en una maniobra propia de suburbios peligrosos que al menos va a cambiar el futuro inmediato del país.
La abstención socialista para que el PP gobierne no será un signo de grandeza si la ejecutan de tapadilloLo único positivo del derrocamiento de Pedro Sánchez -que no dimisión- es que España volverá a tener en breve un Gobierno con plenas competencias. Seguramente in extremis el 28 de octubre. La gestora que asume las riendas del PSOE facilitará la investidura de Mariano Rajoy. En esto salimos ganando, dado que el hasta ahora secretario general se había metido en un callejón sin salida con su "No es no" y amenazaba con arrastrarnos a todos al precipicio de la sinrazón y la irresponsabilidad con unas terceras elecciones en plenas navidades. Puede parecer que la abstención socialista para que el PP siga gobernando es un signo de grandeza pero no será tal si la ejecutan de tapadillo. Así que nadie intente engañarnos. Rajoy no debe gobernar porque el PSOE ahora se haya quedado sin líder. Debe ser investido porque ha ganado dos elecciones seguidas en apenas seis meses y porque en junio fue el único candidato que subió en votos y escaños. Guste o no guste, debe seguir en La Moncloa porque la ciudadanía ha querido así. Esto es lo que debería admitir por respeto a la verdad e incluso por fair play la cuadrilla que ahora llega a Ferraz para coser el Partido Socialista. Lo primero que hay que recomponer es España tras un año de tensiones electorales y de bloqueos institucionales que han hastiado a la sociedad.
Susana Díaz quiere estar en misa en la Junta de Andalucía y a la vez repicando las campanas en MadridSusana Díaz demostraría una gran valentía política si empezara con este espíritu la nueva etapa, en la que pretende mover los hilos de la gestora del PSOE hasta que considere que ha llegado el momento de realizar el desembarco oficial como nueva lideresa. Pretende parapetarse tras Javier Fernández para mantenerse limpia de toda culpa y de cualquier posible error que disguste a las bases o a los votantes. Hasta ahora su estilo ha sido zancadillear a través de secuaces, sin dar la cara para que no se la partan. Quiere estar en misa en la Junta de Andalucía y a la vez repicando las campanas en Madrid. Quiere ser la reina madre del PSOE y manejar el partido como si fuera una monarquía absolutista. El primer paso ha sido cargarse al secretario general elegido por la militancia. El segundo paso será suprimir las primarias. Para el tercer paso esperará a 2017 con el fin de dar el salto a la política nacional en un congreso federal que la catapulte a La Moncloa frente a un Rajoy decadente en el ocaso de su vida política. La estrategia tiene todo para triunfar pero de momento lo primero que ha hecho ha sido partir en dos el PSOE. Ha creado un problema para ofrecerse ella como solución. Pronto la encumbrarán como nueva política pero sus formas -discursos populistas al margen- son tan antiguas como el bipartidismo español.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






