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ANÁLISIS DE ESPAÑA

España no quería (tanto) cambio

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España27-06-2016

Si el 20D demostró que España quería un cambio, seis meses de desgobierno después ha venido el 26J para constatar que España quiere cambio, pero no tanto. En medio año hemos pasado de aplicarle el certificado de defunción a la vieja política a presenciar el gatillazo de un sorpasso que no fue y el pinchazo -van dos- de Ciudadanos. Hemos pasado de ver a un solitario Rajoy en el balcón de Génova celebrando aquella fría victoria de diciembre a una terraza abarrotada y eufórica en su particular sueño de una noche de verano, prueba de que la derrota es huérfana y la victoria tiene muchos padres. Ningún sondeo, ninguno, auguraba que el PP pudiese sacar 137 escaños.

Si a pesar de contar con el líder menos valorado el PP ha mejorado en 14 diputados sus resultados de hace seis meses es porque España no quería tanto cambio. Si 600.000 españoles más han ido a votar a los 'populares' con respecto al 20D tras cinco años de recortes es porque los españoles han rechazado lo bueno por conocer. El PP no sólo ha vuelto a ganar las elecciones, sino que lo hace con 52 escaños de diferencia sobre el segundo. Todos los demás competidores o pierden apoyos o se quedan lejos de sus objetivos. Es justo reconocerle a Rajoy el mérito electoral de su tancredismo y de haber llevado hasta el final su estrategia de aguantar los golpes de la crisis, el empuje de la nueva política, la opinión publicada, Bárcenas, Púnica, Barberá...

El hecho de que en la Comunidad Valenciana el PP haya recabado 100.000 votos y dos escaños más que en diciembre a pesar de que en este tiempo conocimos la 'operación Taula' es un ejemplo concreto que sirve para calibrar como a nivel general se puede decir que ha cuajado el mensaje del miedo a lo desconocido. Quién sabe si todo esto reforzado por los vientos inciertos que vienen de otros países de Europa, ya sea el Brexit en Reino Unido, Tsipras en Grecia, Lepen en Francia, Polonia, Austria, Hungría... y por qué no decirlo, Venezuela. La felicidad de Rajoy no es tanto por sus 137 escaños -muy lejos de la mayoría absoluta-, sino por el estado en el que quedan los demás, inhabilitados para alegar que las urnas han pedido cambio. Ni siquera podrán argumentar que España ha votado izquierda, pues el bloque de centro derecha (PP, Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria) suman 175, frente al bloque de izquierdas (PSOE, Podemos-IU y confluencias, ERC y Bildu), que juntan 167. A los ocho de Convergencia no sé dónde ubicarles a día de hoy.

Con estos mimbres, las alianzas para desalojar al PP se tornan si cabe más difíciles que en diciembre, aunque no imposibles. Rajoy es el único que gana con un PSOE obligado a conformarse con haber evitado ser el Pasok, con un Podemos que puede haber tocado techo incluso con sus alianzas, con Ciudadanos desinflándose. En el momento que el eje pasó de viejo-nuevo para volver al tradicional izquierda-derecha, los partidos nuevos perdieron parte de su razón de ser. Y esa ya nunca la recuperarán pues ya han perdido el aliciente de la novedad. Por no ganar no ha ganado ni Susana en Andalucía, también superada por el PP. A juzgar por el resultado de hoy, el único que querría unas terceras elecciones es precisamente Rajoy. Después de todo, el PP sigue siendo el partido más votado y el PSOE, aunque lejos, el segundo. Eso es porque España quería cambio, pero no tanto.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio