ANÁLISIS DE SOCIEDAD
El curso de verano

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad22-06-2016
No, cualquier tiempo pasado no fue mejor. Eso por delante. Pero hace unos lustros la actualidad informativa del verano estaba marcada por las convocatorias de los cursos de verano, en las que participaban políticos de relevancia, expertos de prestigio, premiados de altura y demás personalidades, para charlar a la sombra o con la brisa de señoriales emplazamientos.
Una ya acumula los suficientes años como para sorprenderse con esos recuerdos que quedaron casi olvidados en la biografía y en las estanterías. Y en estas estoy, desempolvando de la memoria el curso de verano que coordiné hace más de una década, como dice un azulejo en un marquito que con cariño guardo en casa.
En aquella experiencia hubo que ingeniárselas para convocar ponentes, coordinar agendas y temáticas con un mínimo presupuesto, minimísimo. Lo mismo colocaba botellas de agua como flores sobre la mesa, pero también gestionaba currículos y ponencias, presentaba a los invitados y arreglaba asuntos de transporte. Y todo en torno al presunto y poco ilustrado tema de la Tauromaquia, tan mal visto y políticamente incorrecto tan sólo una década después.
En aquellos días en aquel pueblo camino a Toledo, bajo el sol de principios de julio, conocí la hospitalidad de una histórica familia de taurinos, la profesionalidad (y humanidad) de periodistas envidiados por un éxito que se curran, la maestría de los veteranos del mundillo, el respeto y los valores de aprendices de toreros, la sabiduría sencilla y modesta de sabios apasionados por el uro y el cariño de las gentes agradecidas que quisieron acompañarnos.
Por aquellos días compartí mesa y cartel con muchos, como una torero que ahora anuncia su vuelta a los ruedos por solidaridad con los niños, a quien valoré más por lo que no quiso contar en público que por lo que todo el mundo sabe sobre su profesión y el feminismo; y con un maestro de la vida que había llevado las cuestiones del protocolo de varios alcaldes de Madrid y dirigido las riendas de una escuela de tauromaquia, con quien tengo pendiente una conversación sobre Manuela Carmena.
En aquellos días en los que madrugábamos para ver los encierros de San Fermín, alguien comentó la que se avecinaba con lo de la cercana Seseña, cuando los titulares aún no tenían hueco para 'el Pocero' y los capotes, muletas y carretones ocuparon en libertad la plaza del pueblo. Pero también se hablaba de política y de las tormentas imprevisibles que llegarían para el sector taurino.
No, cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero algunos añoramos aquella falta de prisas de los debates hondos e intercambios de conocimientos mientras buscábamos la sombra o la brisa de los pesados días del mes de julio.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






