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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Insocial

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional20-06-2016

El ser humano se está aislando y convirtiéndose en solitario, a pesar de vivir en una época en la que cada vez está más conectado a Internet y al mundo exterior.

Prima la inmediatez, obtener al momento lo que se está buscando, compartir cada minuto en redes sociales para fardar y mostrar la preciosa vida que se lleva. Se tienen miles de amigos y seguidores en Facebook, Twitter e Instagram, pero realmente se pueden contar con los dedos de una mano (y a veces sobran dedos).

Esta pasión por las redes sociales y la vorágine del día a día (se exige más, se quiere llegar más lejos, ser el más alto, el más guapo, el más listo, el que cobra más, el que tiene mejor puesto...) están haciendo que, paradójicamente, el hombre sea más insocial.

Es triste observar comidas familiares en las que tanto los padres como los hijos están sentados a la mesa, pero cada uno está con su teléfono móvil haciendo sus cosas, sin valorar la razón por la que se han juntado. Es preocupante pasear por la calle y ver cómo las personas van totalmente embobadas con la pantalla, sin percatarse de lo que ocurre a su alrededor ni incluso cuando están cruzando. Más de uno se caería por el agujero de una alcantarilla porque no se daría cuenta de que está abierta.

Evidentemente, esto está afectando a la forma que tienen los seres humanos de relacionarse. La falta de uso está llevando a que se pierdan las buenas costumbres y que no se sepa cómo hay que comportarse. Y esto solo es el principio, la situación puede ir a peor.

El hombre se está convirtiendo en egoísta y egocéntrico, solo piensa en sí mismo y no en los demás. Cada vez hay más ejemplos, y uno de ellos se ve fácilmente en las faltas de respeto. Se menosprecia al que piensa diferente y, lo que es peor, se trata de imponer el propio punto de vista incluso utilizando la violencia.

Además, los desprecios se repiten con más frecuencia: Capillas católicas que son profanadas, interrupciones a voces en actos políticos, insultos por la calle, agresiones a quién piensa diferente e incluso asesinatos, como el ocurrido en Reino Unido cuando una diputada laborista perdió la vida al recibir un disparo de una persona contraria a sus opiniones.

Respetar al prójimo y ponerse en su lugar son aspectos fundamentales para que la sociedad esté menos crispada y sea más tolerante. Además, en este caso no vale echar balones fuera, ya que cada uno tiene su cuota de responsabilidad en la materia y puede poner su granito de arena empezando por sí mismo.

Todavía se está a tiempo de revertir la situación, pero individualmente se debe empezar cuanto antes y contribuir a crear un efecto contagio. Si no se hace así, se corre el riesgo de que la intolerancia vaya aumentando y la convivencia se vuelva cada vez más insostenible.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD