ANÁLISIS DE SOCIEDAD
El patio de los nísperos

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad15-06-2016
Parecía uno de esos rincones iluminados con los cuadros bajo la luz del talento de Sorolla, con las pinceladas en sepia de viejas fotografías, y el calor mordiente de los veranos castellanos del mediodía, sin más banda sonora que el aleteo de las chicharras en busca de refrigeración. Pero era real.
El patio en cuestión lucía una pradera verde, árboles y rosales, una pequeña fuente, un pozo que servía de espejo a las pocas nubes que había y un magistral níspero plagado de frutos naranjas y apetecibles. Un edificio robusto y remendado con añadidos de la historia, con balconada de madera y celosías abrazaba el patio, donde una pequeña imagen de la Virgen soportaba la altitud del termómetro desde la sombra de exóticas palmeras de costas lejanas al centro peninsular.
Alguien comentó que sería un buen lugar para excavar una piscina, pero pronto pensé que si ya no existía era porque no haría falta. El patio de los nísperos había sido el lugar de recreo para una comunidad de clarisas y ahora estaba abierto al paso de las gentes del mundanal ruido, ese que ya no suspira tanto por los colores de la Selección Española de Fútbol; ése que se aterra a golpe de zarpazo terrorista; ése que anda de debate en debate, en una relación de amor-odio a los políticos; ése al que las alegrías les duran un minuto, los escándalos y las penas, cinco, y la indignación es de por vida.
Sin embargo, quienes viven en lugares como junto al patio de los carnosos nísperos, disfrutan de esas proporciones a la inversa y, pese a lo poco, las alegrías les dura de por vida. Mientras, tienen en mente el sufrimiento de las gentes del mundanal ruido que late al otro lado de los muros, donde la luz de Sorolla parece de otro siglo pese a las pantallas hiperconectadas y a toda resolución y color.
Ellas siguen a lo suyo, como aquellas clarisas que en el centro de la jornada de los días del verano escuchaban las chicharras castellanas. Los insectos se refrigeran como pueden bajo el sopor estacional mientras compiten en el murmullo de oraciones contra el aturdimiento y la desazón contemporáneos, un refresco mejor que el bocado carnoso a uno de los nísperos que había junto al pozo del convento.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






