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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Barcelona es cosmopolita

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España13-06-2016

No se ha abordado como se merece el asunto de la agresión en Barcelona a dos chicas seguidoras de la selección española, asunto rescatado ahora, no por la detención de los agresores -seguimos a la espera-, sino por la invitación del Gobierno para que ambas presencien el debut de La Roja en Francia. Tarde y mal, pues el gesto llega una semana después y sólo les regalan las entradas, pero no les facilitan el viaje. Desconozco si para este evento deportivo, como en otras ocasiones, se fletará un avión para colmar el palco de autoridades políticas que seguramente no sepan ni quién es Tassotti. Ni Al Ghandour. De momento está confirmada la presencia del ministro de Cultura quien bien les podría haber hecho un hueco y no sólo un tardío titular. La agresión a las chicas se vio en todos los medios, pero más allá de mostrar la dureza de las imágenes, el incidente no ha ido acompañado del debido debate de fondo. El propio Del Bosque dijo lo siguiente: “Estamos en contra de todo tipo de violencia, sea donde sea. Me parece un desastre que tomemos algo que nos une como la selección y se ponga el foco en unas seguidoras, sea en Cataluña o en cualquier otra parte de España”. Tremendo regate a la realidad del marqués. Como si el hecho de que la agresión se produjese en Cataluña fuese fruto de una casualidad. Vamos que, a juicio del seleccionador, sucedió en Barcelona como podría haber pasado en Almería. Pues no.

Si no lo era ya, la agresión ha convertido el simple deseo de un grupo de chavales por ver jugar a España en una cuestión de libertades. Es un hecho aislado, corren a suavizar algunos. Y es aislado sobre todo porque no hay mucha gente a día de hoy dispuesta a plantarse en las calles de Cataluña con una bandera de España, indudable acto de valentía. No se puede generalizar, acuden puntuales otros. Lo que ya no es tan aislado y permite cierta generalización es el discurso que de forma sistemática se difunde y se practica desde hace años en las instituciones catalanas. El objetivo es demonizar cualquier rastro de España (Espanya ens roba) o directamente suprimirlo, desde los toros (los correbous ni tocarlos, eso sí) hasta el callejero pasando por La Roja. No hay peor pesadilla para el nacionalismo excluyente que levantarse una mañana y ver su ciudad llena de banderas españolas por algo tan difícil de criminalizar como un gol de Iniesta, líder también en el campo de lo que para ellos es el ejército desarmado de Cataluña.

Y pocas evidencias hay más claras de la contundencia con la que en Cataluña se arrincona al no nacionalista que comprobar que la selección era el único pretexto que quedaba para salir a la calle con una bandera de España. Era, porque ahora ya están todos avisados. Ayuda esta agresión a calibrar en su justa medida el mapa del victimismo en Cataluña. También aquel tópico que se repetía hasta la saciedad de que Barcelona era cosmopolita. Que se lo pregunten a los políticos no nacionalistas que estos días han visto alterados sus actos de campaña con insultos y amenazas. Uno se pregunta la protección que cabe esperar de unos gobernantes nacionalistas que han hecho de incumplir las leyes una forma en si misma de gobernar. Qué se puede esperar cuando la respuesta institucional ante una pitada masiva al himno de España fue una sonrisa sibilina. Barcelona es esa ciudad en la que si quieres ver a España en la vía pública tienes que buscarte patrocinadores que pongan la pasta y alejarte a un sitio donde no molestes y si eres okupa te pagan el alquiler con el dinero de todos los ciudadanos o te buscan un lugar mejor.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio