SIN CONCESIONES
Votar desde la banalidad

Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión09-06-2016
España no tiene democracia. Pese a lo que proclama la Constitución de 1978 e incluso pese a la votación que por segunda vez en seis meses vamos a repetir el 26 de junio, esto no funciona como una democracia. Aquí tenemos una telecracia, para nuestra desgracia. Telecracia oligárquica repartida entre Mediaset y Atresmedia, para mas señas. La política se ha convertido en un gran negocio televisivo en el que prima la audiencia a la verdad, el share a la buena gestión y la propaganda al sentido común. Los partidos han redescubierto una vía directa y gratuita para colocar su propaganda a los ciudadanos. Las cadenas, por su parte, han hallado una fórmula sencilla y barata de generar espectáculo basura para entretener a sus audiencias.
España no tiene democracia, sino telecracia. La política se ha convertido en un negocio televisivoEs difícil de creer. En cinco años la política ha pasado de importar poco o nada a las masas a acaparar horas y horas de televisión. La paradoja llega al punto de que hay más política que fútbol, impensable hace una década. No es que hayan cambiado los intereses y aficiones de los españoles. No somos tan veletas. Es una cuestión de costes de producción. El fútbol es muy caro. Una tertulia política super barata. A los friquis del periodismo y de la política debería encantarnos esta coyuntura, de no ser por la superficialidad e incluso irresponsabilidad con la que a menudo afrontamos la cuestión. Cuando la opinión de una monja argentina con ansias independentistas catalanas adquiere mayor relevancia que un experto o un portavoz es que la información está herida de muerte y sólo interesa el morbo.
El audímetro manda sobre la razón. Hay que asumirlo. También que la gran derrotada es la Verdad y que de ahí a la demagogia distan pocos centímetros. Las televisiones no son el problema. Que quede claro. Los nuevos partidos tampoco, pues ellos han resucitado precisamente el interés por la política. El drama reside en el criterio, por ejemplo en que la misma monja que insulta -en sí mismo una contradicción- a los políticos sospechosos de corrupción ensalza a un futbolista que estafa millones de euros a Hacienda hasta el punto de asemejarlo a Dios en un acto de blasfemia, lo cual es otra contradicción para una monja. El drama es que el foco alumbra a las formas mientras ensombrece el fondo. Poca o ninguna atención a los programas electorales, que ya no leen ni los periodistas, y así nos va. Poca o ninguna atención a las medidas e ideas, ya que importan más los gestos y anécdotas que la forma en la que quieren gobernar nuestro país. Es triste lo rápido que hemos olvidado adonde lleva la mala gestión de gobernantes sin formación, sin experiencia y con exceso de ideología. Y eso que Zapatero sería digno de honoris causa comparado con los que vienen ahora.
Es triste lo rápido que hemos olvidado adonde lleva la mala gestión de gobernantes sin experienciaUn político no es un modelo al que votamos por guapo y mucho menos por desfilar bien sobre la pasarela. Un político es quien dirige nuestros designios como Estado durante cuatro años y quien influye de forma directa en nuestra vida con sus decisiones. El colmo de la banalización de la política son los programas ad hoc para mayor gloria de las televisiones. Niños que preguntan a políticos... políticos entrevistados por hormigas... programas de televisión producidos y presentados por los propios políticos en imitación a Hugo Chávez... incluso programas sobre política donde los políticos observan desde un plasma porque prima la discusión fácil y el grito histriónico. Acercar la política a la gente está bien, muy bien. Torpes son los políticos que durante años han despreciado ese recurso y ahora tienen una imagen fría, distante y antipática ganada a pulso. Peor para ellos. Pero una cosa es acercar la política y otra diferente, por peligrosa, trivializar. La política no es una pasarela ni una película en la que nos hace temporalmente felices admirar un rostro hermoso o una voz agradable. La política rige nuestro presente y determina nuestro futuro. No es para tomarla a broma ni banalizarla como si cualquiera valiera para ella. En democracia decidimos entre todos pero no todos podemos ser presidente.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






