ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Ruido gris

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad08-06-2016
El ruido blanco es ese sonido constante, mediocre y monótono que se asemeja al que oyen los críos cuando están en el seno materno o al del espacio exterior por donde deambulan los astronautas en busca de una mínima explicación a tan magno universo. El ruido blanco relaja y aburre, o si no prueben a sentarse en un jardín junto a una fuente o a calmar a un bebé desconsolado con el denso sonido del aspirador o el cansino rugir del extractor de humos.
A veces parece que el ruido blanco lo silencia todo con su pesadez, que el parloteo de la campaña electoral (¡otra vez!) suena como el secador del pelo tras una mala noche y que los discursos prometedores de los políticos se escuchan del modo de quien bucea y las ondas disipan el mensaje en la profundidad. Por cierto, no sé qué demonios de nombre tendrá ese sonido del vacío subacuático cuando una molesta gota decide no abandonar uno de nuestros oídos. O los dos.
Lo peor de este ruido blanco es que es más bien gris, porque vuelca su maloliente cubo de propaganda sobre quienes a diario se baten el cobre y porque sus promotores, políticos de todo pelaje, juegan a acallar el protagonismo de quien debería tenerlo. No vale con decir que ahora no toca hablar de Venezuela y sí de España; no basta con criticar los recortes y obviar el escándalo de los eres andaluces; no sirve con prometer la recuperación y mirar a otro lado con los juicios abiertos por llevárselo crudo. En todas las casas cuecen habas.
Parece que hay mucho ruido gris sobre el triunfo de la venteañera Garbiñe Muguruza en París, donde derrotó a la número uno del mundo en tenis, la estadounidense Serena Williams. Y el ruido gris gruñe como olas atlánticas en el apacible Mar Nuestro donde comparten agua los veraneantes y los cientos (miles) de cadáveres de refugiados que no lograron alcanzar su sueño europeo.
Pero ahí está el ruido gris de cada día, subrayando los eslóganes de la recuperación cuando Cáritas hace lo propio con las dos Españas que ha causado la crisis de valores del hombre contemporáneo. Las diferencias entre ricos y pobres se han agrandado y hará falta un puñado de años para recuperar el nivel de bienestar que muchos tenían hace unos años.
Es más, por mucho que prometa el sol del verano in pectore, ahí también está la grisura de quienes no supimos ver el cambio climático porque, quizas, había un molesto ruido gris...
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






