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ANÁLISIS DE ESPAÑA

¡Messi dimisión!

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España06-06-2016

La indignación de los españoles ante la corrupción es selectiva como demuestra la tranquilidad con la que Messi y su padre han afrontado el proceso por defraudar 4 millones a Hacienda, que seguimos siendo todos como bien sabe la Infanta desde el banquillo de la Audiencia Provincial de Palma. El rasgamiento colectivo de vestiduras ante el supuesto chorizo de traje y corbata se muestra sin embargo indiferente si éste va en chándal. Aún estamos esperando a que el inmaculado público del Camp Nou, tan reivindicativo ante otros agravios, silbe al ídolo que presuntamente les roba con la misma vehemencia que reaccionan ante el himno de España que aún más presuntamente les oprime.

Porque lo que nadie podrá discutir a estas alturas es que esos 4 millones distraídos a Hacienda son los que luego van al autobús público, el hospital público, la escuela pública y hasta las embajadas de Cataluña en el extranjero en las que ya sabemos que la Generalitat gusta de gastarse el dinero de todos. Ni por esas ha bajado el ritmo de ventas de camisetas blaugranas con el 10 a la espalda. No consta que se hayan resentido tampoco las ofertas para grabar spots publicitarios. No se le ha exigido siquiera una disculpa en alguna pancarta descarriada entre el mar de esteladas que habitualmente inunda el estadio culé. No digamos ya una dimisión o una pena cautelar de banquillo hasta que se aclare todo.

"Sso firmaba lo que me daba mi papá" es otra forma de hacerse el tonto como aquella ministra que alegaba desconocer lo que su marido aparcaba en el garaje. Y sin embargo a aquella sí se le crucificó como a tantos otros presuntos que optaron por el "no me acuerdo" o el "no lo sé" sin que se diese siquiera el beneficio de la presunción de inocencia. En el caso de Messi fueron 4 millones de euros de más los que entraron en su cuenta. Es decir, o Messi realmente tiene dificultades para comprender una sencilla suma o aquí lo que hay es un claro caso de opulencia ante el que la sociedad, tan dada a cuestionar siempre al que tiene mucho, también se está inhibiendo. No es lo mismo llamarse Amancio Ortega que Messi como no es lo mismo ser Infanta que delantero centro.

Tanto el caso del futbolista argentino como el de otros compañeros de profesión a los que también cazaron en un renuncio similar ha sacado a relucir una indignación de salón ante la corrupción en la que queda claro que el problema no es que te roben, sino quién te robe. Indignación ideológica y no ética, por tanto. Es verdad que a Messi no le elegimos en las urnas para que nos represente a todos, tan sólo son legión quienes corean su nombre o se gastan 100 euros en ponerse su nombre en la espalda.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio