Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE ESPAÑA

Apocalypse Now

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España11-04-2016

Se empieza escuchando a Iglesias decir que la política es el arte de cabalgar contradicciones y se acaba con un candidato a presidente como Sánchez subido en una lancha remontando el Río Nung como el joven Martin Sheen en la Apocalypse Now de Coppola. No hace falta recordar que el Nung no es ningún afluente del Rubicón precisamente, sino del enrevesado Mekong por el que el líder socialista lleva meses avanzando inexorablemente hacia un destino incierto. El PSOE es a Sánchez lo que Saigon era al capitán Willard, tendido sobre su cama mirando el ventilador cuyas aspas no evocan las hélices de los helicópteros, sino unos históricos 90 escaños. Aunque como en la icónica escena con la que arranca la película la música de los Doors hubiese servido como perfecta banda sonora: “This is the end/ Beautiful friend/ This is the end/ My only friend, the end”. Pero el secretario general del PSOE, lejos de aceptar su final, optó por asumir la misión con la que puso en marcha, no sólo el reloj de la democracia, sino el suyo propio. “¿Qué otra cosa podía hacer?”, se preguntaba Sheen en la película al igual que Sánchez cuando el Rey le dio la vez en La Zarzuela. Cada minuto sin intervenir era tiempo que el charlie susanista aprovechaba para afianzarse en la selva.

Hasta el momento nadie ha confesado su gusto por el olor del Napalm por la mañana, aunque no son pocos los que escuchan los ecos de La Cabalgata de las Valquirias de Wagner cuando Iglesias alude a la cal viva o se ofrece para controlar el CNI. Y es que a lo largo de estos más de cien días de travesía Sánchez ha enfrentado no pocos peligros en su camino donde lo real se ha confundido a menudo con lo simbólico o directamente con el absurdo. También ha habido algún escarceo como el protagonizado con Ciudadanos. Sería exagerado comparar a Rivera con las conejitas que animaban la moral de las tropas en Vietnam, pero sus 40 escaños cortos y aquel pacto sellado bajo el cuadro de El Abrazo fue llamar amor a lo que en realidad sólo era sexo.

Como el Coronel Kurtz al que dio vida Marlon Brando ha esperado Rajoy durante toda esa travesía, agazapado en la selva, devorando encuestas, atrincherado en torno a la fidelidad de su propio ejército que ha vuelto a dejar en amago cualquier debate sobre el liderazgo. El presidente aguarda la llegada de Sánchez con la idea de proponerle un plan. Rajoy ha ido masticando el tiempo que le falta a su rival consciente de que al final del río sólo queda él y su refugio camboyano plagado de cabezas cortadas desparramadas por el suelo. Sobrevivir enemigos externos e internos es lo que mejor se le da a Rajoy con la siempre inestimable colaboración del tiempo y puede que sea ese el rasgo político más característico que le tenga reservada la Historia. Mientras, las dudas de Sánchez han ido creciendo a medida que aumentaba el espesor de la niebla del camino. Como el capitán Willard, ya no tiene tan claro como al principio qué hacer cuando se encuentre con su bestia negra y también le asaltan pesadillas en las que despierta sólo en medio de la jungla. El fracaso de las negociaciones con Podemos le avoca a tener que elegir entre Rajoy o elecciones. “This is the end/ Beautiful friend/ This is the end/ My only friend, the end”.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio