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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

El caldo de cultivo de los ultras

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura3 min
Internacional04-04-2016

En Europa está empezando a calar el caldo de cultivo de los ultras. Las épocas de crisis son propicias para todos los radicalismos, ya que estos saben aprovecharlas muy bien y encontrar culpables (aunque realmente no lo sean) a los que señalar públicamente, de modo que se conviertan en enemigos de una parte de la opinión pública.

Los ultras, da igual que sean de derechas o de izquierdas, siempre son perjudiciales para el conjunto de la sociedad. Aun así, hay personas de a pie a las que les queda esa faceta romántica que les hace, en parte, ser comprensivas ante los actos de la ultraizquierda, pero que, sin embargo, ponen el grito en el cielo si quien comete una acción similar es la ultraderecha. Tienen un doble rasero que es muy pernicioso, porque igual de mal está asaltar una capilla católica que lanzar bengalas en las inmediaciones de una mezquita.

Los últimos incidentes ocurridos en Bruselas, cuando personas de ultraderecha quisieron boicotear un acto en recuerdo de las víctimas de los atentados islamistas en el aeropuerto y en el metro de la capital belga, han devuelto a la actualidad a estos grupos radicales.

La mayoría de la opinión pública se escandaliza al respecto, pero hay otra parte que, en su seno interno, aunque no lo reconozca y no comparta la forma de actuación de estas organizaciones radicales, sí que están de acuerdo en la esencia.

Hay gente que recela de los musulmanes que viven en territorio europeo, que son igual de nacionales que los que llevan ahí generaciones y generaciones, pero que pueden ser el germen del terrorismo que atenta contra el país que décadas atrás acogió a sus padres o incluso a sus abuelos.

A esa desconfianza también contribuye el hecho de que existan comunidades islámicas que condenan los ataques y recalcan que el Islam es una religión de paz, pero que se muestran tibias para comprometerse en la lucha contra el terrorismo.

Por si no fuera suficiente, esa falta de confianza también se dirige hacia los respectivos gobiernos europeos, a los que acusan de poca efectividad a la hora de prevenir los ataques terroristas. Es cierto que matar es muy fácil y que no hay que tener mucha preparación para ello, pero fabricar bombas y portarlas requiere de más infraestructura y es más complejo que usar un simple cuchillo.

Cuando se tiene la sensación de que el Gobierno y las instituciones no hacen todo lo que les corresponde (aunque no sea cierto), entonces en algunos sectores empieza a surgir la idea de que es necesario buscar otras opciones (aunque sean ilegales) que suplan los canales oficiales.

Y es ahí donde está el semillero de los grupos ultra, que van a tratar de alimentarlo para que crezca y, de este modo, conseguir su beneficio, porque es el interés propio más que el bien común lo que realmente mueve a estas organizaciones oportunistas.

Por tanto, en la lucha contra el terrorismo no puede haber medias tintas. Hay que utilizar todos los recursos legales al alcance de los estados para combatir a los terroristas y demostrarles que hay unidad de acción y fortaleza política y social. Que por muchos atentados y ataques que perpetren, no van a conseguir derrotar los valores en los que se cimienta Europa desde hace siglos.

De esta forma, se envía un contundente mensaje a los terroristas y, además, se le está diciendo a la población que puede confiar en el Estado. Así no solo se avanza en el combate contra el terrorismo, sino que también se consigue dar una sensación de seguridad y apagar los cantos de sirena de los grupos ultra.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD