SIN CONCESIONES
Que concilie Rajoy

Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión05-04-2016
El oso estaba escondido en la cueva dormitando. Llevaba más de 100 días, prácticamente desde el 20 de diciembre, en el letargo invernal. Pero ha sido comenzar la primavera y romper el sueño con una entrevista radiofónica, una propuesta estrella y un cara a cara con Jordi Évole. Entre todas estas cosas hay una que no me deja dormir, de alegría y emoción. Me tiene enormemente sorprendido y a la vez entusiasmado que el presidente del Gobierno en funciones anuncie ahora una medida revolucionaria para los usos y costumbres de los españoles. Mariano Rajoy promete modificar el horario nacional si sigue gobernando e implantar que la jornada laboral termina todos los días a las seis de la tarde. ¡Maravilloso! ¡Increíble! ¡Soberbio! ¡Ya era hora...!
Rajoy ha dado por fin en el clavo al anunciar una reforma que cualquier ciudadano desea y que todo el mundo aplaude. Eso siempre que sea cierta, claro. Porque la realidad indica que los políticos son los primeros profesionales de este país que no concilian y que, con su desorganización y caprichos particulares, impiden que otros muchos españoles tengan un horario de trabajo decente y compatible con la familia y el hogar. Para empezar, en el Congreso de los Diputados, donde las sesiones de los martes nunca acaban antes de las nueve de la noche. Sólo hay que recordar las dos recientes votaciones de investidura de Pedro Sánchez, convocadas con nocturnidad y casi alevosía en el caso del viernes que confirmó la derrota del candidato socialista. Lo cierto es que en los dos últimos meses, con el carrusel de negociaciones y reuniones inútiles, la clase política está dando una lección de cómo fastidiar al personal con encuentros y declaraciones a deshoras. ¿Así pretenden implantar este cambio social?
Mariano Rajoy ahora quiere que los españoles terminemos de trabajar a las seis de la tarde. Pero en las últimas elecciones el líder del PP nos tuvo una noche hasta pasadas las diez para anunciar los nombres de sus candidatos al Congreso y el Senado. Hace un año, también esperó a las tantas de un viernes para anunciar que Cristina Cifuentes sería la aspirante de su partido a la Comunidad de Madrid. Además, la formación de Rajoy debe de tener el récord de comunicados after hours para responder a escándalos de corrupción que aparecen por la mañana en un auto judicial o, peor aún, en la portada de un periódico. Eso sí, ahora se saca de la chistera una reforma del uso horario para que vivamos mejor... después de cuatro años en los que nada hizo para promover algo parecido. Fue la exministra Ana Mato la que, como primer paso, intentó convencer a las televisiones de que adelantaran el prime time pero desde La Moncloa poco o nada le dejaron negociar porque las grandes cadenas son sagradas para los gobernantes, que en momentos clave corren a conceder entrevistas en máxima audiencia y que miran para otro lado cuando esa misma empresa incumple la normativa de publicidad o contrata personal de forma irregular. No hay valor en ese caso para ordenar una inspección de trabajo de las que sí que llevan a cabo con autónomos y pymes.
La música de conciliar suena a gloria celestial pero, en honor a la verdad, parece una mentira gorda de las que antaño -o recientemente- soltaban los políticos en campaña electoral. Luego si te he visto no me acuerdo, sobre todo si las circunstancias no lo aconsejan. Resulta curioso que pretenda imponer las 18 horas como final del horario laboral un partido liberal que hasta ahora sacaba pecho por aprobar una ley que da plena libertad a los comercios para abrir sus puertas. ¿En adelante tendrán que cerrar a partir de las seis de la tarde? ¿Estarán excluidos? ¿Entonces unos ciudadanos podrán conciliar y otros no? ¿Y los profesores que no trabajan más allá de las cuatro ampliarán su jornada? ¿Y los privilegiados funcionarios que terminan a las tres de la tarde? Prometer es fácil pero cambiar la mentalidad y la forma de vida de un país no es tan sencillo. Lo de Rajoy suena a ocurrencia para recuperar la iniciativa después de tres meses adormilado mientras Pedro Sánchez asume todo el protagonismo y marca el ritmo de la política. La declaración de intenciones es maravillosa pero no se la cree nadie. Si quiere que le tomemos en serio, al menos en esto, debería dar ejemplo desde ya mismo. Quizá así recupere parte de la credibilidad perdida e incluso gane unos miles de votos para las más que probables elecciones del 26 de junio.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






