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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Rajoy y el mundo feliz

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España04-04-2016

Hubo momentos de la entrevista de Rajoy con Jordi Évole en la que el presidente dio la sensación de estar en un confesionario con el periodista en el papel de cura que pregunta insistentemente por los pecados cometidos durante la legislatura. Y claro, ahí estaba Bárcenas para desasosiego de un Rajoy que hubiese preferido incluso confesar sobre el sexto mandamiento antes que hablar de su relación con el ex tesorero. “¿Y qué más?”, fue indagado varias veces a cuenta de las obras en la sede del PP, pagadas presuntamente con dinero negro. “Bárcenas”, se limitaba a conceder Rajoy, apuntando como único responsable a quien ya ha dejado de ser “ese señor del que usted me habla”. ¿Nada más?”, insistía, no obstante, el padre Évole ante una sucesión de cejas arqueadas y silencios incómodos. Por un momento pareció que el presidente iba a terminar derrotando: "bueno padre, y también el sexto mandamiento, sí". Pero ni Évole fue Frost, ni Rajoy fue Nixon. Al presidente le bastó una vez más con el piloto automático de la presunción de inocencia y el reconocimiento de que nadie es perfecto. Su discurso casi siempre acaba de una forma u otra en Billy Wilder, pese a que había reservado a Cruyff las dosis de naturalidad con las que se ganan las entrevistas en la tele y quien sabe si una llamada de Puigdemont.

Sabe Rajoy que fiarlo todo a la última palabra de los jueces entraña sus riesgos pues, cuando esta llega, suele ser demasiado tarde y para entonces las urnas ya se han encargado de imponer la penitencia. Y como urnas se atisban, Rajoy vuelve a la entrevista prime time, con algún arrepentimiento, pero sin ánimo de hacer propósito de enmienda, sino para hacer gala de su optimismo antropológico, verdadero síndrome de La Moncloa. Conviene detenerse en este estado de ánimo que invade a los presidentes especialmente cuando las cosas pintan feas siendo ellos los que más información atesoran. En el caso del gallego, es sobre todo un mecanismo de defensa, de supervivencia más bien. Un vivir en la ignorancia como garantía de felicidad. Sólo así se entiende este optimismo que , según dice, le lleva a fiarse de todo el mundo, incluso de Aguirre. O incluir como argumento que seamos el destino soñado de los Erasmus. Eso mientras no parece inquietarle que los refugiados sirios escojan otras latitudes para reiniciar su vida. Quizá sea porque no se huye de la guerra para beber cubatas in the sunny Spain. Y no abundaré aquí más sobre el sexto mandamiento. “¿Por qué me ha concedido esta entrevista? Porque me la ha pedido”... ¿Por qué no estamos en Siria? Porque nadie nos lo ha pedido”. Y en ese momento Sánchez, Rivera, algún cachorro en Génova y todos los empresarios del IBEX se frotaban las manos viendo a tiro la ansiada gran coalición. Pero Rajoy templó los ánimos dejando claro que, si quieren que se vaya, no será tan fácil como pedírselo. Antes incluso de que nadie lo haya hecho. Y luego dicen que reacciona tarde el presidente.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio