ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Qué desilusión, no son tan diferentes como dicen

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional21-03-2016
Ya lo afirma el refrán "no es lo mismo predicar… que dar trigo". Sin embargo, todavía hay mucha gente que se sigue creyendo el discurso buenista y del cambio que propugnan algunos partidos.
Las promesas y las palabras suenan muy bien, ofrecen cambios y políticas que van a mejorar la vida de los ciudadanos. Además, quienes las pronuncian saben perfectamente cómo llegar al electorado desencantado con la situación que se está viviendo.
La relación es directamente proporcional. Cuanto más cerca están del poder estos activos oradores, mayor probabilidad de que sus atractivas promesas se vayan convirtiendo en cantos de sirena.
Se hartan de criticarlo, pero a ellos también les interesa el poder, y una vez en la poltrona cometen los mismos errores que tanto han censurado en los demás anteriormente. Dejan de lado sus promesas, se olvidan del pueblo, buscan aferrarse al cargo a toda costa y tienen tendencia a enriquecerse, en la medida de sus posibilidades.
Uno de los asuntos que más está llamando la atención últimamente es el que afecta a Luiz Inácio Lula da Silva. El que fuera sindicalista logró convertirse en presidente de Brasil y obtener una enorme popularidad y gran carisma durante los ocho años que estuvo al frente del país.
Los éxitos económicos y sociales que consiguió Lula le otorgaron un halo que todavía perdura, pero que, sin embargo, se está empezando a apagar un lustro después de que fuera sucedido por la actual presidenta, Dilma Rousseff.
El ocaso de Lula da Silva se produce no solo por la investigación policial, sino también por cómo está actuando el propio ex presidente. Lula está acusado de ser uno de los principales beneficiarios en un caso de presunto desvío de dinero en la empresa petrolera brasileña Petrobras, cuantificado en aproximadamente 2.000 millones de euros.
El ex presidente dice que es víctima de un espectáculo mediático y reitera su inocencia. Aun así, no ayuda nada a su imagen el hecho de haber sido nombrado ministro, deprisa y corriendo, en plena investigación judicial. Y es aún más sospechoso cuando se han filtrado unas conversaciones telefónicas entre Lula y Rousseff en las que se intuye que el nombramiento es una treta para dificultar la actuación de la Justicia, ya que los ministros solo pueden ser investigados por el Tribunal Supremo.
Y como el ser humano es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, las hemerotecas dicen que, en 1988, el propio Lula da Silva afirmó: "En Brasil es así, cuando un pobre roba, va a la cárcel; cuando un rico roba, se convierte en ministro".
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






