ANÁLISIS DE ESPAÑA
Podemos, según Orwell

Por Alejandro Requeijo
3 min
España21-03-2016
La primera crisis interna seria en Podemos ha venido a confirmar su candidatura a homenaje postmoderno a George Orwell y su Rebelión en la granja en la que siempre estuvo fuera de dudas la figura de Iglesias en el papel de Napoleón. La novedad que resulta de esta primera purga es que Errejón cobra enteros para desempeñar el papel de Snowball, colíder de la revuelta, que luego es forzado al exilio una vez que Napoleón le lanza sus perros como forma de saldar sus diferencias. Sorprende el giro dramático de los acontecimientos porque ese papel de renglón torcido parecía reservado al despechado Monedero desde el segundo plano al que se vio abocado tras el pufo de los 425.000 euros disimulados a Hacienda. Lejos de eso, se reivindica ahora más que nunca como el viejo Cerdo Mayor que inspiró la causa a la que Iglesias se abraza si cabe con más fuerza en su empeño de conquistar la granja por asalto, expulsando de ella a los humanos que -fuera ya de la fábula- dieron en llamar casta.
Como en la obra de Orwell, en ese camino ha sido necesario retocar en el muro algunos de los mandamientos iniciales del movimiento, metamorfosis que ya se atisbaba incluso antes de que Napoleón aparcase las camisas de Alcampo para desfilar sobre dos patas enfundado en un smokin. Eso fue al tiempo de que el CNI o la televisión pública se antepusieran entre las prioridades del partido de la gente. Antes de que la premisa de no contar en sus filas con ningún condenado afectase a una de los suyos. Ya hasta limitan las preguntas en las ruedas de prensa en las que se tratan asuntos incómodos. A este paso sería aventurado incluso descartar en un futuro el uso del plasma, recurso indudablemente orwelliano.
En Podemos todos son iguales, pero la perspectiva de poder ha demostrado que unos son más iguales que otros. Antes siquiera de acceder al reparto de los sillones, ya se ha consolidado el dedazo como forma de asignar o negar puestos en función de la adhesión al líder. Cuando no hay nada en juego es muy fácil jugar a la utopía. A la hora de la verdad, cuando la opción de tocar pelo se ha hecho real, Podemos ha reaccionado a las diferencias internas como los partidos de siempre: negándolo todo. En este caso además apelando a la defensa de la “belleza” y los besos, que en política ya se sabe que tienen más que ver con Judas Escariote que con una película de Sandra Bullock. No cabía esperar otra retórica del partido que en su propuesta de Gobierno en coalición con el PSOE incluía la exigencia de “políticas para el derecho a la verdad”. Orwell de nuevo.Y mientras, Rajoy y Sánchez ceden todo el protagonismo a Podemos y se toman unos días de vacaciones. En concreto, el socialista, tras buscar celestina en Bruselas, se fue a las fallas de Valencia a ver cómo arden los ninots.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






