ANÁLISIS DE CULTURA
Héroe y villano

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura16-03-2016
Tapamos la muerte de un partido como Shakespeare engalanó la muerte del emperador Julio César, asesinado con 23 cortes, se defendió de los senadores con un punzón y consiguió herir en el muslo a Marco Bruto. “¿Y tú, Bruto, también tú, Bruto?”. Herida de muerte su cuerpo pero también su alma y dignidad, se tapó la cara con la túnica para que sus últimos segundos de vida fueran menos vergonzosos para tal hombre. El héroe que fue villano a partes iguales.
¿Son los adalides que pisan hoy suelo parlamentario héroes y villanos también? Dice el escritor y doctor en Filosofía Félix de Azúa y recién estrenado en la cumbre de las letras, o lo que es lo mismo la Real Academia Española (RAE), que Pablo Iglesias le da risa. En una entrevista al diario El Mundo aseguraba que la lengua catalana “dejó de existir” para él cuando se convirtió en “imperativo legal”. Y otras tantas cosas que no vienen de boca de un humilde transeúnte, sino del que fue considerado parte la generación de los novísimos, esa que también calzan Leopoldo María Panero, Vicente Molina Foix o Pere Gimferrer. De poesía fría, ironía y sarcasmo. Verdades como puños.
#Crecimiento, #Empleo, #SíSepuede. Es el lenguaje del siglo XXI, salpimentado con algunos gramos de vieja literatura, que no política. Me fío tanto de Azúa como de Eduardo Mendoza, que ni corto ni perezoso asegura que le da igual que la gente no lea porque “la mayoría de los libros son una birria”. A mí no, señor Mendoza. A mí no me parece coherente que los niños nazcan con una Tablet debajo del brazo y no sepan lo que es un libro salvo el que le mandan en el colegio “por obligación”. Si esa Tablet al menos tuviera guardada la mejor y más variada de las bibliotecas, entonces la mueca de desagrado cambiaría de forma ligera. Pero me temo que en esa Tablet habrá lo mismo que hay en la mayoría de las de los adultos. Nada.
Sin tener hijos pero recordando que desde pequeña insistieron en que leyera. Aunque va en los genes, no faltaron frases del tipo: “libros, te compro los que quieras”. Pero eso sí, vaya hoy a una librería y mire los ejemplares que se ofertan. Elija el que más le guste, pero le adelanto que le costará.
Mendoza evoca aleccionar sobre Humanidades que otra cosa. “Las humanidades son un fin en sí mismo y hay que defenderlas porque sí”. El pensamiento político antes gozaba de su influencia para poder proteger a la sociedad. Ahora nuestros políticos no saben enlazar las citas con sus autores. Y encendemos la televisión y vemos al Pequeño Nicolás llorando. Cruda realidad. No hay ni héroes ni villanos. Hay mediocridad.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






