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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

La oportunidad perdida de Turquía

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional14-03-2016

Turquía ha perdido una gran oportunidad para exprimir a la Unión Europea (UE) y alcanzar todos los anhelos que lleva décadas demandando, hasta ahora sin demasiado éxito.

Es cierto que, a partir de este momento, el Gobierno de Turquía obtiene miles de millones de euros, consigue que sus ciudadanos no necesiten visado para entrar en la UE y que se avance considerablemente en las negociaciones de adhesión turca al club de los Veintiocho.

Estas importantes concesiones se hacen a cambio de que Turquía se quede con los refugiados que llegan a Grecia, pero que son expulsados por la Unión Europea para que no estén en territorio comunitario y para que no lleguen al centro o al oeste del Viejo Continente después de una larga peregrinación.

A los líderes de la Unión Europea ya les da igual que entre los refugiados haya casos de extrema necesidad y que estén huyendo de una guerra. Cómo han cambiado las cosas, antes los recién llegados eran bienvenidos, ahora no los quieren ver ni en pintura. Los mandatarios se han dado cuenta de que este asunto se está convirtiendo en un grave problema que les puede acarrear consecuencias políticas, y tratan de desentenderse de él y encasquetárselo a otro. Es tal la desesperación de los dirigentes comunitarios, que se han bajado los pantalones ante las demandas de Turquía. Si el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan hubiera apretado más en sus pretensiones, más hubiese cedido Bruselas.

De ahí, el error de Turquía, porque habrá que ver cómo responde la Unión Europea una vez que pase la vorágine de los inmigrantes y la situación se tranquilice. Como dice el refrán "del dicho al hecho hay un trecho", y, posiblemente, lo que ahora son todo facilidades para los turcos, se conviertan en una montaña de dificultades, ante las muchas reticencias que sigue despertando Turquía y especialmente el Ejecutivo islamista de Recep Tayyip Erdogan en algunos socios europeos.

Aun así, el propio Erdogan debe de estar satisfecho porque puede vender lo conseguido hasta ahora como una gran victoria y obtener réditos políticos, en un momento en el que voces internas le acusan de haber aumentado el autoritarismo. Luego, en el caso de que la UE ponga trabas, podría hacerse la víctima y buscar la compasión de los turcos.

Lamentablemente, una vez más se confirma que la Unión Europea es un gigante económico, pero políticamente está muy limitada porque priman los intereses estatales antes que los comunitarios. Sin embargo, ahora también se está registrando un fenómeno de comodidad. Este hace que los líderes europeos prefieran mantener el statu quo y tragar con diferentes demandas, antes que asumir los problemas y mantener los principios. Estos últimos quedan muy bien al escribirlos pomposamente, pero de poco sirven si cuando es necesario se mira para otro lado y no se cumplen.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD