ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Gente sin complejos

Por Isaac Á. Calvo
3 min
Internacional15-02-2016
"Gente sin complejos" era el eslogan utilizado hace años por una conocida marca de whisky español. Este era un guiño a los que se alejaban de la moda de tomar bebidas de importación, pero también era un reconocimiento implícito a todos aquellos que hacen algo por convicción, sin importarles lo que piensen o digan de ellos.
En las relaciones internacionales pasa algo parecido: hay políticos que cogen el toro por los cuernos; otros prefieren dejarse arrastrar por la voz mayoritaria o mantener un perfil bajo ante las dificultades, aunque esto suponga mostrar una debilidad y correr el riesgo de que los problemas se enquisten.
En los momentos de máxima complicación es cuando se demuestra la grandeza del ser humano. Por eso, ante los desafíos importantes hay que tener grandeza de miras y capacidad de encontrar soluciones que mejoren al conjunto y salvaguarden los intereses comunes.
Las grandes potencias se van forjando no solo por su capacidad militar y económica, sino también por su gestión política y por el comportamiento de la población ante los problemas.
Francia es uno de los ejemplos que más está sobresaliendo en los últimos meses. Desde los salvajes ataques que sufrió la emblemática ciudad de París el 13 de noviembre de 2015, ha demostrado compromiso social y político para defender ya no solo al Estado, sino también los valores en los que este se sustenta desde hace siglos.
El Gobierno socialista de François Hollande no ha tenido reparos en declarar el estado de emergencia, en aplicar medidas antiterroristas y en iniciar una operación militar contra el enemigo, aunque en este último punto no contara con tanto respaldo internacional como esperaba.
Ante un duro golpe como el de la capital francesa es posible mostrar ruptura social, ventajismo político y buscar intereses espurios, o, por el contrario, se puede dar ejemplo de unidad y mandar un mensaje contundente al enemigo. Francia ha optado por lo segundo, otros países prefirieron lo primero, así les va...
Evidentemente, ese mensaje contundente al enemigo debe ajustarse lo máximo posible a la legalidad, aunque también es verdad que la nueva situación pueda obligar a adoptar medidas que limiten algunos derechos establecidos. En esta tesitura se encuentra ahora el Gobierno de Francia, que busca ampliar la duración del estado de emergencia, potenciar las facultades de la Policía e incluso quitar la nacionalidad francesa a quien cometa delitos graves contra el Estado.
Como siempre ocurre en estos casos, surge el espinoso debate entre libertades y seguridad. Ya hay ONG que han denunciado que las autoridades francesas han practicado gran número de registros indiscriminados y cientos de detenciones injustificadas, principalmente de musulmanes. Sin embargo, las Fuerzas de Seguridad aseguran que esas operaciones especiales han permitido abortar más atentados terroristas y decomisar armas de guerra.
Las decisiones que se tomen en este sentido no van a satisfacer a todos. Ambas posturas son tan comprensibles como irreconciliables, tanto la de los que prefieren un recorte de libertades a cambio de tener tranquilidad, como la de aquellos que abogan por correr más riesgo y seguir disfrutando de los derechos adquiridos hasta ahora. Ya se sabe que el miedo es libre y la seguridad, una sensación.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






