SIN CONCESIONES
Titiriteros

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión09-02-2016
Una de las lecciones más sabias de buen comportamiento y educación social la aprendí con apenas 14 años. Debió de ser en una clase de literatura en el colegio. Aún recuerdo a nuestro profesor Juan Encinas como si fuera ayer mismo, apoyado sobre la mesa impartiendo conocimiento y consejos vitales para una veintena de adolescentes. Supongo que alguno de nosotros intentó parecer más listo y Juan nos dio una nueva enseñanza con fondo de reprimenda, o viceversa. “Ser culto no es saber mucho y demostrarlo permanente. Ser culto es saber adaptarse en cada momento a cada situación para comportarse como uno más”. Aquello me dejó perplejo porque entonces pensaba que para demostrar cultura había que ser un Camilo José Cela, utilizar palabras pomposas y estar siempre por encima de los demás.
En los colegios debería haber más maestros como Juan, de esos que cumplen el programa teórico pero a la vez educan para la vida. El sábado me acordé de la enseñanza de mi profesor al ver la Gala de los Premios Goya. En especial, al contemplar al líder de Podemos con coleta y esmoquin. Un día antes había comparecido en el Congreso de los Diputados con jersey y cinco antes había acudido a La Zarzuela a entrevistarse con el Rey en mangas de camisa. La incongruencia es tan grande como su falta de respeto a las instituciones, que no son más que la representación de los ciudadanos españoles. No tengo claro si no lo sabe, si lo olvida a conciencia o simplemente piensa que él sólo representa y respeta a quienes le han votado. Más bien parece esto último…
La polémica suscitada por los titiriteros contratados en el Ayuntamiento de Madrid para el Carnaval de Manuela Carmena es otra muestra similar del sectarismo de la nueva política. Supone gobernar para los propios hasta el punto de defender que hagan apología del terrorismo de ETA en una obra para niños e incluso hasta reclamar libertad para quien comete uno de los delitos más graves que recoge el Código Penal. Quienes hacen sátira con la memoria del millar de personas asesinadas por ETA han olvidado demasiado pronto los motivos que llevaron a aprobar leyes como la que ahora lleva a la cárcel a lo que ellos llaman dos artistas pero que en realidad son dos despojos de una sociedad que tardó años en aprender a repudiar a los cómplices de los terroristas. Por desgracia, ellos no lo han aprendido aún tras 40 años de crímenes con bombas y tiros en la nuca.
La democracia es el menos malo de los sistemas políticos. Pero puede convertirse en el peor de todos cuando se disfraza como mayoritario el deseo de una minoría tirana. Entre la democracia que respeta y representa a todos y un régimen totalitario hay una pequeña distancia, tan pequeña como un paso. La diferencia radica tan sólo en quedarse en el lado de quienes gobiernan para el bien común y quienes lo hacen para el bien personal, aunque sea para el de la tribu a la que pertenece.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






