SIN CONCESIONES
Pactos de mercadillo

Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión29-12-2015
Cuatro años de mayoría absoluta dan para mucho en el caso de quien gobierna y para casi nada en el caso de la oposición. La mayoría absoluta suele transcurrir demasiado rápida para quien ostenta el poder y desesperadamente lenta para quien sufre el mal llamado rodillo parlamentario. Ese rodillo no es más que la plasmación en escaños de la soberanía popular, tanto cuando lo disfrutaba Felipe González en 1981 con más de 200 escaños como cuando lo recibió Mariano Rajoy con 186. Igual de legítima era una como la otra, aunque la izquierda usara la primera para transformar socialmente España tras décadas de dictadura y la derecha sólo utilizara la última para aprobar recetas anticrisis económica.
Hemos pasado cuatro años despotricando contra la mayoría absoluta de Rajoy y ahora la vamos a echar de menos en menos tiempo del que imaginamos. El resultado electoral del 20 de diciembre ha dejado un Parlamento sumamente fragmentado en el que ni siquiera un pacto entre dos garantiza la gobernabilidad. Partido Popular y Ciudadanos no suman suficientes diputados para una legislatura estable. Partido Socialista y Podemos necesitan incluso a nacionalistas como Esquerra o PNV para desbancar a Rajoy. Menudo lío se avecina… Las negociaciones y los pactos a varias bandas son más obligados que nunca. Pero no parece que vayamos a inaugurar una política con mayúsculas de pactos de Estado. Más bien parecemos abocados a la misma política de siempre con pactos de mercadillo.
La misma noche electoral Pedro Sánchez reconoció el triunfo en las urnas de Mariano Rajoy y anunció que le permitiría optar a la investidura. Sin embargo, apenas 60 horas después fue a La Moncloa a decirle cara a cara que no cuente con su apoyo porque España votó cambio en las generales. Entre ambas actitudes apenas transcurrieron dos días en los que el líder socialista vio las orejas al lobo (Susana Díaz) e imaginó que si no gobierna de inmediato sus propios compañeros de partido van a apartarle de la Secretaría General del PSOE que tanto le costó alcanzar. Conclusión: una vez más se imponen los pactos de mercadillo con ofertas de tres por dos para tapar las vergüenzas internas y no quedar medio desnudo en paños menores.
Podemos tampoco está dispuesto a llegar a acuerdos diferentes a lo que establece su programa electoral, aunque para parecer dialogante ha lanzado el primer farol. Que un independiente dirija el país con un gobierno de izquierdas, que viene a ser como una Manuela Carmena al frente de La Moncloa para que actúe de títere de sus secuaces de ultra izquierda. Ya tenemos bastante en el Ayuntamiento de Madrid -con las reyes magas, los niños recogiendo colillas y las madres barriendo los colegios- como para extenderlo al conjunto del país. Y no olvidemos que estos son una opción pero hacen falta más apoyos para investir un nuevo presidente, sea del color que sea. Entre esos colaboradores necesarios destacan PNV, Esquerra y el nuevo partido de Artur Mas. Es decir, los nacionalistas de siempre. Para echarse a temblar e incluso desear que vuelva la mayoría absoluta.
El único cargo público que ha actuado con responsabilidad y sentido de Estado desde el 20 de diciembre ha sido el Rey Felipe VI. Su mensaje de “diálogo y entendimiento” en el discurso de Nochebuena está a la altura de lo que han señalado las urnas y, sobre todo, de lo que el país necesita para los próximos años. El bien común, la unidad del país y la consolidación de la recuperación económica debería ser la guía para cualquier formación nacional pero parece que como siempre priman los intereses personales y partidistas, incluso entre aquellos que aún no han perdido la virginidad en política y que reparten carnés de nueva democracia para parecer menos casta. Necesitamos más sentido de Estado como el nuevo Rey, que por ahora es el único que da lecciones de transparencia, humildad y sentido común aunque los republicanos de siempre quieran decapitarle como a Luis XVI porque se niegan a reconocer que tiene el respaldo de la mayoría de españoles.
Quienes hace dos meses criticaban a Rajoy por aprobar los Presupuestos Generales de 2016 antes de convocar las elecciones ahora habrán entendido que fue lo más inteligente. Si en una semana hemos visto la punta del iceberg de los egoísmos de partido, imaginen lo que será una negociación anual de cuentas públicas con 100.000 millones de gasto en juego y miles de enmiendas en liza. Rajoy acertó de lleno al aprobar los Presupuestos de 2016 siendo consciente de que los siguientes tendría que pactarlos con Ciudadanos. Pero tras el 20-D no bastará con un socio y quien sea presidente tendrá que cuadrar el círculo con un consenso que concilie el interés de partidos de lo más opuestos entre sí. Ahí está la dificultad de la próxima legislatura y al mismo tiempo el riesgo de que partidos minoritarios (con menos de diez escaños) la condicionen contra la voluntad popular expresada en las urnas. Les aseguro que más pronto que tarde añoraremos una mayoría absoluta como la de Felipe González o la de Mariano Rajoy. Si no lo creen, esperen un poco de tiempo.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






