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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Una verdad que los terroristas y las tragedias no pueden ocultar

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional28-12-2015

El año 2015 termina. Haciendo un repaso, en los últimos 12 meses se encuentran hechos que todavía siguen sobrecogiendo y que van a ser difíciles de olvidar.

París empezó el año con el asalto a la sede de la publicación satírica Charlie Hebdo, y lo concluyó con varios ataques simultáneos indiscriminados. Otros lugares como Túnez, Turquía, Kenia... también sufrieron cruentos atentados terroristas. El resultado, decenas de muertos y el terror que se instaló en todo el mundo, especialmente en Europa, donde permanece ante la amenaza del llamado Estado Islámico.

Europa fue también testigo de cómo miles de refugiados pedían auxilio después de recorrer kilómetros y kilómetros huyendo de la guerra en Siria. Muchos de ellos perdieron la vida en el intento, y el Mediterráneo se convirtió en un cementerio cuyas aguas tragaron cadáveres sin dejar rastro.

En Irak y Afganistán, la violencia siguió cobrándose vidas como un grifo averiado, en el que cada gota que cae pasa desapercibida, pero que cuando uno se quiere dar cuenta se encuentra con un gran charco en el suelo.

La crisis económica mostró su cara más desagradable en Grecia y en Venezuela. Los griegos sufrieron un corralito y enormes recortes, mientras que muchos venezolanos padecieron carestía de productos de primera necesidad, en un suma y sigue que conduce a la desesperación. Son dos ejemplos notorios, pero no hay que irse tan lejos para ver cómo las penurias también han llegado a España y a otros países desarrollados.

Sin embargo, existe una verdad que los terroristas, la crisis y las tragedias no pueden ocultar: Hay muchísimas más personas buenas y dispuestas a ayudar que personas perversas que buscan hacer el mal.

Las tragedias son crueles, pero también sacan lo mejor del ser humano. Hay personas que ayudan a heridos durante los atentados, incluso exponiendo su propia vida. Hay quien deja la comodidad de su casa para ir a rescatar a náufragos, para consolar a los refugiados, para atender a los necesitados, para ofrecer un plato de comida y una sonrisa, para estar sobre el terreno en los conflictos y llevar esperanza...  

Lo mejor de todo es que cada uno, individualmente, puede mostrar su bondad a diario, en los actos cotidianos, con los más cercanos, aunque no los conozca. Es la forma de poner un pequeño eslabón a la gran cadena humana que mueve el mundo.

Este, sin duda, es un buen propósito para cumplir en el nuevo año que comienza. Ánimo, conseguirlo es más fácil de lo que parece.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD