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SIN CONCESIONES

Debatir versus Gestionar

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión30-10-2015

A principios de los 90 muchos políticos y periodistas de postín vaticinaban que José María Aznar nunca llegaría a La Moncloa. Sostenían que el entonces líder del recién unificado Partido Popular carecía de liderazgo y sobre todo de carisma. Su voz estridente y su bigote propio de otra época tumbaban las expectativas. No es necesario acudir a las hemerotecas para concluir que aquellos futurólogos se estrellaron contra la realidad. Aznar venció en 1996, metió a España en el euro, arrasó con mayoría absoluta en el año 2000 y condujo a la economía española entre las diez mejores del planeta. Aunque sus ocho años de mandato se resuman con la boda de su hija en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y con la guerra de Iraq, aquellas dos legislaturas estuvieron plagadas de luces. Sobre todo si las comparamos con la penumbra económica a la que después nos llevó José Luis Rodríguez Zapatero.

Del expresidente socialista también contaban que era flojo y pusilánime. Pero aquel bambi de la izquierda acabó siendo un panzer sin escrúpulos que negoció con ETA y que aniquiló a todos los adversarios en su partido hasta no quedar nadie más que él y Rubalcaba. Aznar nunca hubiera llegado a presidente del Gobierno si todo hubiera dependido del carisma y Zapatero nunca habría dirigido el país si en las urnas hubieran votado las conspiraciones internas. Pero ambos alcanzaron lo más alto porque los españoles así lo quisieron, con sus aciertos y con sus errores.

A menos de dos meses para las elecciones generales del 20 de diciembre, el valor en alza no es el carisma mediático ni la unidad interna. Ahora están de moda la regeneración y la dialéctica. Hace apenas un año Podemos irrumpió con fuerza en todas las encuestas porque sus dirigentes copaban las tertulias de televisión. En este momento es la juventud y la soltura de Albert Rivera la que catapulta a Ciudadanos. Tres candidatos que rondan los 40 años disputan La Moncloa a otro que acaricia los 60. La juventud, divino tesoro que escribió Rubén Darío, frente a la experiencia de gestión de Mariano Rajoy.

La experiencia, que siempre es un grado, ahora parece un punto débil porque en la calle soplan vientos de renovación: de renovación de casi todo. Al parecer tiene más valor un debate en televisión ante Jordi Évole que 300.000 parados menos, que reducir el déficit a la mitad, que subir las pensiones mientras la economía se hunde. Vivimos tiempos de percepciones y no de verdades, razón por la que en política aparentar da más frutos que gestionar. La gestión es ese sendero aburrido y tedioso que consiste en solucionar los problemas de los demás para que nadie lo agradezca porque se considera una obligación. En cambio, pasearse por programas de televisión y repartir abrazos de oportunismo se encumbra a signo de naturalidad y de cercanía.

Mariano Rajoy se ha pasado tres años y medio obcecado en lo primero y ahora se vuelca en lo segundo para intentar arañar votos a su causa ante la peligrosa proximidad de las elecciones generales del 20 de diciembre. La confianza es un capital que cuesta mucho construir y muy poco desperdiciar. La confianza, cuando se pierde, casi nunca se recupera. Tantas veces se avisó a Mariano Rajoy como tantas despreció los consejos de sus propios allegados. Ahora aduce que descuidó la comunicación porque estaba centrado en exclusiva en sacar a España de la crisis. Quizás sea verdad pero entonces debe comprender que el relato informativo de los demás ha vencido al suyo. Sin embargo, los ciudadanos también deberíamos ser conscientes de que una cosa es salir guapo en televisión y otra muy distinta dirigir un país. Una cosa es tener labia y otra más importante tener criterio. Un cosa es caer simpático y otra defender los intereses de todos. Una cosa es parecer solvente y otra diferente es serlo. El 20 de diciembre elegiremos como siempre por apariencias y empatía pero está en juego mucho más que un debate de televisión. El 20 de diciembre nos jugamos nuestro futuro y no se puede decidir a la ligera a quien se lo confiamos.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito