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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Ponga un fantasma en su vida

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura3 min
Sociedad28-10-2015

Seguro que alguna promoción comercial ya ha utilizado el lema ante la inmediatez del Halloween. "¡Ponga un fantasma en su vida!" Y con la publicidad habremos comprado la necesidad de consumir el fantasmerío. Los seres humanos somos así de simples. Las modas molan. Molan mucho. Y quedarse fuera de ellas o nadar contracorriente es de raros. Pero, claro, lo normal es ser un fantasma y poner un fantasma en la vida...

Los fantasmas están por todas partes, lo sabemos. Es más, quizás nosotros seamos uno de ellos. Sólo hay que aplicarse un poco en pasar una mala noche después del infernal cambio de horario para lucir unas estupendas ojeras. Otra versión de fantasma es la de aquellos que, campaña electoral en mano, alardean de los sustos que nos van a pegar los contrarios. Y, por supuesto, no hay que olvidarse de los auténticos: los fantasmas made in China que felizmente compramos a cambio de un alma juerguista. 

Halloween es un horror. Nos lo parece a muchos. Es un horror en todos los sentidos. Y algunos se sentirán ofendidos por estas líneas cansinas que, año tras año, reivindican el espíritu de Don Juan Tenorio, los buñuelos y las puches del pueblo. Permítanme que insista...

Cuando menos nos demos cuenta, nos habremos sumido en el horror de las brujas, como si el mundo real no existiese, con sus refugiados muertos de frío...
De los muertos no hay que tener miedo. Pero sí, y mucho ojo, de los muertos vivientes, zombies de pacotilla que chantajean con el truco o trato en la puerta de casa a cambio de un huevazo. (Os espero en Nochebuena, con el aguinaldo preparado, pero id ensayando villancicos, que la propina no saldrá gratis). En Halloween sí sale gratis, de ahí su éxito. No hay opción al chantaje y siempre se saca algo en limpio. Además, esta fantasmería triunfa porque es fácil ser una momia, una bruja o un desentumbado. En cambio, la santidad que se predica el 24 de diciembre resulta más complicada. Y claro, más sacrificada.

"¡Ponga un fantasma en su vida!", resuena en un ambiente en el que al final caeremos todos y acabaremos por esculpir sonrisas siniestras en calabazas importadas. ¡Con lo ricas que están las castañas! Y, en una de estas veces, las ojeras del cambio de horario se nos harán perpetuas, como si nos las hubiese tatuado nuestro enemigo. Y, cuando menos nos demos cuenta, nos habremos sumido en el horror de las brujas y los zombies, como si el mundo real no existiese, con sus refugiados muertos de frío y empapados hasta los huesos, con esas familias que no pueden pagarse la calefacción, con esos enfermos hastiados en la desesperanza del dolor... 

Pondremos un fantasma en nuestras vidas, una telaraña para no ver nítidamente los claroscuros de la cruda realidad y Halloween lo arreglará todo. Mientras, Don Juan, un bienvive made in Spain, se arrepentirá una y mil veces de sus correrías y, en su amor apasionado, recitará versos a su novicia de referencia bajo la luz de una luna recortada por la silueta de una bruja en su escoba. ¡Despertemos!

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo