SIN CONCESIONES
Las Termópilas de Tsipras

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión10-07-2015
Hay un lugar hacia el centro de Grecia, junto a la costa del golfo Maliaco, donde el pasado memorable del país explica su comportamiento suicida en el presente. La diferencia entre el éxito y el fracaso no siempre está en el final de una historia. A veces, como en el desfiladero de las Termópilas, el durante es más importante que el desenlace. Los 300 espartanos que lucharon contra las multitudinarias tropas persas de Jerjes en el año 480 antes de Cristo son un ejemplo para la cultura y la idiosincrasia griega. Aunque murieran en la batalla contra las tropas enemigas, ese triple centenar de hombres representa el orgullo de todo un país, su patriotismo, su perseverancia, su resistencia frente al adversario externo e incluso su tocudez ante la previsible derrota. El honor de aquellos espartanos está fuera de duda en Grecia y allí donde entregaron su vida por la amalgama de tribus de la nación clásica se les rinde tributo hoy en día con un gran monumento.
Después de 25 siglos, la batalla de las Termópilas parece un símil de la contienda casi bélica que el Gobierno griego mantiene con la Unión Europea. El Ejecutivo de Alexis Tsipras, con un amplio porcentaje de conciudadanos detrás, ve en el socio comunitario a una especie de extrajero invasor que se queda con las tierras, que mata de hambre a los hombres, que arrebata el porvenir a los niños y que casi viola la inocencia de las mujeres. Hoy Bruselas es la antigua Persia, Angela Merkel es el despiado Jerjes y los políticos de Syriza son percibidos como lo más parecido al reducto de 300 que lucha en inferioridad de condiciones ante el enemigo forastero. Visto así quizás se entienda mejor cómo es posible que el populismo de Tsipras haya vencido en el referéndum del 5 de julio, en el que Grecia debía elegir entre el drama de los recortes y el infierno de abandonar el euro. El dilema es complejo salvo para quien, al ser consciente de que se enfrenta a una muerte segura, sólo entiende el lenguaje del honor.
El griego, como buen pueblo mediterráneo, es temperamental y a la vez terco. Seguramente mucho más que el italiano y el español. El griego, como buen sureño, es rebelde e indisciplinado con las normas. El griego, tras años de recortes y de crisis, no quiere hablar de más austeridad ni de más sufrimientos. Está harto y desde el hartazgo exige un cambio radical. Eso justo es lo que vende Alexis Tsipras. El pequeño y débil gobierno griego se ha enfrentado en solitario al poderoso Eurogrupo. El denostado y solitario gobierno griego ha combatido el pensamiento establecido y mayoritario en Bruselas. Algo así ya es un éxito a los ojos del pueblo griego, aunque la mayoría del resto de los europeos no quisiéramos verlo y no fuéramos capaces de vislumbrarlo desde nuestra concepción fría y racional de lo que es correcto e incorrecto. Quien piensa de forma diferente, hasta el punto de mentir durante años sobre las cuentas públicas y evadir el pago de impuestos, no puede entender aquello que en esencia es diferente a sus principios.
Tsipras ha leído mejor el sentimiento griego actual y ha sabido orientarlo en su propio beneficio. No ha vencido en la negociación con Bruselas pero sí ha obtenido rendimiento político en su país. Aunque ahora tenga que aplicar los mismos recortes que la UE le exigía hace una semana tiene el favor de su pueblo la confianza de las urnas revalidada cinco meses después de tomar posesión. Puede parecer poco tiempo pero ya es más de lo que consiguieron otros primeros ministros europeos. Ya le hubiera gustado al tecnócrata Mario Monti haber recibido el respaldo electoral después de corregir en dos años el tenebroso destino al que Italia parecía abocada en 2011. Para España también hay una lectura clara y es que es posible hacer política con la economía. Aunque suene una perogrullada, no todo el mundo lo tiene claro en esta España donde los recortes han sacado al país de la crisis pero casi nadie parece dispuesto a reconocerlo en las elecciones generales de final de año.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






