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ANÁLISIS DE CULTURA

Los mentideros de la Villa

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura2 min
Cultura17-06-2015

La Puerta del Sol siempre ha sido el mentidero de la Villa. Lo que pasa es que ahora es más cosmopolita. Tiene tantas historias como siglos, sólo que la tienda Apple ni los muñecos esos bastante poco agraciados no nos las deja ver. La última se cuenta en un 15 de mayo. Pero antes hubo otras muchas que menos mal no hemos vuelto a vivir.

“Mentidero de Madrid, decidnos, ¿quién mató al Conde? (…) dicen que le mató el Cid por ser el conde lozano/ ¡disparate chabacano! / la verdad del caso ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulso soberano”
 Los chismes, ¡Ay dichosos chismes! Los que hacen revolotear a los ojos curiosos alrededor del suceso. Como en 1622, cuando murió en extrañas circunstancias el Conde de Villamediana. Los mentideros decían que sus supuestos amoríos con la reina algo tuvieron que ver con la su negro destino.

 Súplicas hasta del mismo Góngora: “Mentidero de Madrid, decidnos, ¿quién mató al Conde? (…) dicen que le mató el Cid por ser el conde lozano/ ¡disparate chabacano! / la verdad del caso ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulso soberano”.

 Pero la Puerta del Sol también tiene otros chismes que contar. Como aquel 2 de mayo que Goya tan bien supo retratar. La de aquellos anhelos napoleónicos que hoy, 200 años después, sólo los cuadros saben contar con la dureza que supone dejar a un pueblo mutilado y sumido en la miseria. Ese momento que dejó una huella en la ciudad que ni los intentos restauradores más exacerbados pudieron cerrar la herida que el subsuelo de la Puerta del Sol todavía recuerda.

Viva el pan a peseta! Gritarían los madrileños tras su liberación. El mendrugo de pan que Mesonero Romanos guardó como “recuerdo” de la calamitosa situación
Existe un cuadro de José Aparicio, expuesto en el Museo Municipal de Madrid, en el que los famélicos personajes hablan con su gesto de la desesperanza. Otros directamente están muertos. No menos de 25.000 personas fallecieron. No es cifra para dejar de lado si tenemos en cuenta que la población madrileña era de 175.000 habitantes. ¡Viva el pan a peseta! Gritarían los madrileños tras su liberación. El mendrugo de pan que Mesonero Romanos guardó como “recuerdo” de la calamitosa situación.

 Antes de que todos recorriéramos la Puerta del Sol como despistados, el kilómetro cero era parte de una muralla, albergaba un hospital para atender enfermos de la peste, una iglesia de la que sólo quedan pedazos y muchas reformas para demostrar que es la gran plaza de Madrid. Con árboles o sin ellos, habrá dejado de ser un mentidero para convertirse en un lugar de paso.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press