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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

¿A qué estaremos esperando?

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad09-06-2015

Hay quien pone a los niños entre algodones, alejándoles del mundanal ruido en una burbuja de protección excesiva. Hay quienes malgastan lo que no tienen para seguir la última moda infantil y para que sus hijos sean lo más de lo más. Y, aunque para los padres, su churumbel sea el más alto, el más listo, el más guapo y el más rubio del mundo (a cada cual su criatura le parece la mejor), resulta que la idiotez supina de una paternidad mal entendida condena a estas generaciones a ser protagonistas del surrealismo más extremo y, lo que es peor, más peligroso.

El término medio siempre es ese lugar de complicado acceso para el que hay que hacer múltiples equilibrios, pero quizás no sea inalcanzable se aplica ese consejo que incluyen pocos libros sobre embarazo que no necesitaron todas las generaciones anteriores: el sentido común.

Los niños no son un juego. Ni un capricho. Ni un derecho. Ni una posesión. Ni una mascota

Los niños no son un juego. Ni un capricho. Ni un derecho. Ni una posesión. Ni una mascota. Los niños son seres humanos en pequeño, con una serie de necesidades básicas y una elemental: sentirse protegidamente queridos. Y eso se demuestra y se practica en las cosas pequeñas del día a día.

No es sólo cuestión de cambiar los pañales o interesarse por cómo le va en el colegio. Antes de todo este jaleo de los antivacunas y la difteria los pediatras avisaban: a los niños hay que alimentarles de forma sana y alentarles a hacer ejercicio, pero también hay que vacunarles.Pero los médicos especializados en infancia se quedaron cortos. Quizás no quisieron cruzar la frontera y pisar terrenos de otros, aunque la tribu deba encargarse, en su conjunto de educar y cuidar de las nuevas generaciones.

Los niños deben crecer en valores y si no se los enseñan en casa, deben encontrarlos fuera. Ya sea en la consulta del médico, en la piscina de bolas, en la actividad extraescolar o en el aula. Si todos fuésemos menos a nuestri aire y nos involucrásemos más en construir un mundo mejor, quizás sería más fácil detectar casos de acoso infantil como los últimos que se han conocido.

¿A qué estaremos esperando?

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo