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SIN CONCESIONES

Rajoy necesita a Mas

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión01-12-2014

Tres semanas después del 9-N, el presidente del Gobierno viajó a Barcelona. Estuvo apenas dos horas después de seis meses sin pisar Cataluña. A sus seguidores y simpatizantes no les importó la fugacidad de la visita. Estaban entusiasmados con la presencia de Rajoy. Interrumpían su discurso como pocas veces ocurre con el líder de los populares. Aplaudían cada referencia a España y a la unidad de la Nación que Artur Mas quiere romper. Tanta entrega manifestaba en verdad una carencia, un lamento por la soledad que han sentido durante meses, justo cuando más arreciaba el desafío independentista. Rajoy fue a Barcelona tres semanas después de la consulta ilegal del 9 de noviembre. Tres fueron también los días que tardó entonces en comparecer ante la prensa para valorar lo ocurrido aquel domingo. Durante aquellos tres días y estas tres semanas, Artur Mas ha capitalizado la desobediencia a la ley y ha recuperado el liderazgo que había perdido en beneficio de Esquerra Republicana de Catalunya. Ahora es Artur Mas quien aparece por delante en las encuestas y quien alardea de que el chantaje soberanista está dando frutos en forma de votos, que al fin y al cabo es lo único que suele importar a un dirigente político. El silencio prolongado de Rajoy y la tardanza en reaccionar es intrínseca a su personalidad y a su forma de ser. Pese a ello y al mismo tiempo por ello, en el PP siguen sin acostumbrarse después de diez años como líder y de tres al frente de La Moncloa. Muchos altos cargos del Ejecutivo y del partido se desesperan con su parsimonia, que a veces tildan de dejadez e incluso de indolencia. Sea como fuere, esa peculiar forma de actuar ha legitimado a Artur Mas en Cataluña y ha resucitado a un político que estaba muerto, que deambulaba con la sonrisa propia del novio de Barbie -como le apodaban en sus comienzos- pese a tener los días contados al frente de la Generalitat. Ahora, en cambio, sabe que podría acabar la legislatura y que si anticipa las elecciones volvería a ganar. En muchos sectores del PP no perdonan semejante torpeza, aunque el sábado ovacionaran a Rajoy cada vez que alzaba la voz para censurar el desvarío de Artur Mas. Se da la circunstancia de que ese demonio secesionista al que Rajoy acusa -con toda la razón del mundo- de vulnerar la ley puede convertirse en su aliado más importante apenas dentro de un año. A nadie se le escapa que Rajoy perderá la mayoría absoluta en las elecciones generales que pretende convocar en noviembre de 2015. Sin mayoría absoluta, la misma que ha desperdiciado este mandato y que tanto va a echar de menos la siguiente legislatura, Rajoy seguramente necesite varios socios parlamentarios. Eso siempre que consiga ganar los comicios, lo cual ponen en duda en su propio partido.  Por esa necesidad de alianzas, que se hará palpable en las municipales del próximo mes de mayo, Rajoy ha reconducido su compleja relación con Rosa Díez. Por la misma razón, con vistas a las generales, quizás está permitiendo que Artur Mas coja alas tras el 9-N. Rajoy no tiene más socios posibles que UPyD, CiU y PNV para otra legislatura. Aunque la izquierda esté dividida nunca podrá pactar con IU o ERC y mucho menos con Podemos. Sólo a la desesperada lo haría con el PSOE. Ya sabemos que Rajoy siempre piensa a largo plazo y con Cataluña sin duda lo está haciendo. Defiende la unidad de España pero al mismo tiempo se garantiza el futuro. Porque si CiU se hunde y ERC se convierte en la primera fuerza política de Cataluña, el desafío independentista será peor y Rajoy tendrá un socio menos para pactar la próxima investidura.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito