ANÁLISIS DE ESPAÑA
Violencia ultra

Por Alejandro Requeijo
4 min
España01-12-2014
España tiene que decidir hacia dónde va en cuanto a su lucha contra la violencia en los estadios. Es decir, tanto en Sudamérica como en Europa hay grupos radicales en los estadios, sin embargo la sensación no es la misma. En torno a los campos de fútbol argentinos, por ejemplo, hay verdaderas bandas criminales organizadas sobre las que pesan decenas de asesinatos y todo tipo de negocios ilícitos. Son los barrabravas. Allí es habitual ver los estadios vacíos excepto los fondos, donde se ubican los radicales. En cambio en países de Europa como Alemania es habitual ver grupos en los fondos con coreografías de animación aplaudidas por todos. También son grupos ultras, pero no es lo mismo. Hasta Raúl se subió con los ultras del Schalke 04 megáfono en mano al término de un partido. De los países de nuestro entorno, Italia sigue teniendo un problema grave con la violencia como se evidenció en la última final de la Copa de ese país, donde fue asesinado un seguidor radical del Nápoles. El autor era un ultra de la Roma, aunque el Nápoles aquel día jugaba contra la Fiorentina. Inglaterra también tenía un problema grave con la violencia dentro y fuera de los campos y han conseguido corregirlo con medidas duras como la de obligar a los hoolligans fichados por la Policía a acudir a comisaría dos horas antes de jugar su equipo. Y no salen hasta que termina. Y los estadios británicos no han dejado de ser un referente de animación a sus equipos. Con sus bufandeos, sus himnos, su Youll never walk alone, etc. Luego sus clubes se valen de ese espectáculo en las gradas para vender su imagen de marca, spots promocionales para captar nuevos abonados, merchandising... La cuestión, por tanto, no es tanto eliminar la animación en los fondos, sino reconducirlo sacando de ellos a los violentos que nada tienen que ver con apoyar a su equipo. ¿En qué beneficia a un equipo pegarse a 300 metros del estadio tres horas antes del encuentro cuando los jugadores no han llegado ni al campo? España cuenta con una de las legislaciones más severas en cuanto a prevenir la violencia en el interior de los estadios con multas individuales de hasta cientos de miles de euros y prohibición de entrar en un recinto deportivo. Hay sanciones de este tipo cada fin de semana. Pero el principal problema sigue estando fuera de los campos donde tienen cabida violentos que muchas veces van incluso sin entrada. Movidos por la violencia y la mayoría de las veces con una motivación política, no deportiva. Reyertas como la que enfrentó a los radicales del Deportivo de La Coruña y el Atlético de Madrid se suceden demasiado a menudo. Tanto que se podría decir incluso que muere demasiada poca gente. Hace unos días dos peñas ultras del Zaragoza enfrentadas por las calles de Soria. Y eran del mismo equipo. Hace meses, los Biris, ultras del Sevilla, contra peñistas atléticos en una gasolinera en Extremadura. Pero luego a todo el mundo aplaude un Sánchez Pizjuán jaleado por esa misma peña cantando el himno de El Arrebato. Luego a todo el mundo le gusta ver el Vicente Calderón llevando en volandas a su equipo. Ese ambiente surge de los fondos y negarlo sería hipócrita. Como negar que luego los clubes también se apoyan de esos fondos cuando les interesa. Dicho de otro modo, cuando entrenadores, directivos, jugadores, prensa piden que el estadio sea una olla a presión en tal o en cual partido, no se están dirigiendo al turista chino que va a pagar 150 euros la entrada dentro de un paquete turístico para sacar fotos. Pero si ese es el modelo que se pretende, que lo digan. A veces, de nada sirve la disolución de estos grupos sin más. Con el tiempo vuelven, se refundan con otro nombre y vuelta a empezar con las mismas actitudes violentas. Los Riazor Blues se disolvieron hace años tras asesinar a un seguidor del Compostela y volvieron a colocar la pancarta pasados unos meses cuando escamparon las críticas. Lamentablemente ha tenido que ocurrir una desgracia, pero Las Fuerzas de Seguridad y los clubes profesionales deben aprovechar para sentarse a colaborar y de forma selectiva desactivar a los violentos de los estadios distinguiendo entre lo que es animar detrás de una portería y ser un animal. Distinguiendo qué modelo quieren para su fútbol. Y ya de paso no sólo en el ámbito de la violencia, por cierto.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






