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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Ferguson es la trágica herencia del pasado

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional01-12-2014

Racismo y segregación racial son dos términos que muchos asocian con las plantaciones de algodón trabajadas por esclavos hace siglos. Seguro que muy pocos caerían en la cuenta de que, en Estados Unidos, hasta mediados del siglo XX, los negros estaban considerados como ciudadanos de segunda en muchos aspectos de la vida cotidiana. Afortunadamente, esta discriminación ha ido desapareciendo con el paso de los años, y hasta el inquilino de la Casa Blanca es un afroamericano que no solo arrasó en sus primeras elecciones presidenciales, sino que fue reelegido para un segundo (y último) mandato. A pesar de estos avances sociales, es muy difícil borrar la trágica herencia del pasado. Esta sigue muy presente y se manifiesta en una enorme desconfianza mutua entre la comunidad negra y la blanca. Una situación a la que en numerosas ocasiones contribuye la educación familiar por ambas partes, que se preocupa más de alimentar fantasmas que de tender puentes. Ya se sabe que el miedo es libre y que la seguridad es una sensación. Pues bien, en muchos lugares de Estados Unidos sigue existiendo el prejuicio de que los negros son delincuentes y que los policías, jueces y funcionarios (la mayoría, blancos) discriminan a las personas de color. Resumiendo, si un blanco va por la calle y se le aproxima un negro, es muy probable que el primero piense que va a ser atracado. De la misma manera, si un agente policial blanco para a un afromericano, este último creerá que le van a meter en un lío porque se llega a recelar hasta de quien, en teoría, debe proteger a la comunidad. Estas situaciones se ven reforzadas con estadísticas que señalan que, en proporción, el porcentaje de negros encarcelados es muy superior al de los blancos, y que las autoridades actúan de manera más condescendiente ante un blanco. Sucesos como el de la localidad estadounidense de Ferguson vuelven a poner de manifiesto esta problemática. El pasado agosto, Michael Brown, un joven negro, desarmado, murió tiroteado por Darren Wilson, un policía blanco, en una situación en la que las versiones del agente y de los testigos son contradictorias. Ahora, un tribunal ha exonerado de responsabilidad a Wilson. La mayoría de la comunidad negra cree que vuelve a ser víctima de la discriminación; la blanca considera que el agente respondió de forma proporcional a la amenaza recibida. Es la pescadilla que se muerde la cola. Hasta que no se pongan unos cimientos sólidos de educación, tolerancia y respeto por ambas partes no se empezará a resolver el problema. Y cuando se haga, si alguna vez sucede, tendrá que pasar mucho tiempo (incluso generaciones) para acabar con la desconfianza y el miedo.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD