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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Los Manolos

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura3 min
Sociedad19-11-2014

No, no se trata de un artículo dedicado a los dos periodistas que bajo ese apodo hablan de deportes en televisión. Tampoco es la intención, como hacen ellos, de invitar a la plebe a dedicarles pancartas en los campos de fútbol a cambio de un minuto de gloria en la caja tonta. Estos Manolos no son ni siquiera esos otros que cantaron aquello de All my loving a ritmo de rumba catalana con ese acento patrio que tanto nos caracteriza a los ibéricos cuando maltratamos el idioma de Shakespeare. Menos mal que también grabaron Amigos para siempre desafiando a cualquier personal shopper (Recordando estas cosas es cuando se aprecia la caída de las hojas del calendario). Los Manolos tampoco son esos individuos a los que hasta la mismísima Real Academia de la Lengua describe como "personas de las clases populares de Madrid, que se distinguían por su traje y desenfado", definición con la que imaginamos a un chulo goyesco con atuendo de toreador de opereta que responda al refrán popular. "De poeta, torero y loco todo español tiene un poco". Sabiduría a ras de suelo. Los Manolos somos todos los hijos de vecino que nos hemos emocionado con el anuncio de la Lotería de Navidad de este 2014. El organismo estatal nos rasca el bolsillo una Navidad más con la emotividad de una historia a pie de calle con nieve artificial, porque está claro que en Navidad y en España siempre nieva (modo ironía on). Antonio reparte en su bar los décimos del gordo entre sus clientes habituales y Manuel esa vez se queda sin comprarlo. Pero el pequeño empresario de barrio se lo guarda y Manuel se convierte en millonario gracias a la generosidad de Antonio. A esas alturas de la narración audiovisual las lágrimas de los españolitos brotan en cascada como si saliesen a la carrera en busca de los sueños: esos muchos sueños que se compran con dinero.

Por eso todos somos Manolos, nos identificamos con el pobre diablo despistado que necesita el décimo premiado para chulearse de la crisis, para sumergirse en esa ceremonia inexplicable de rociarse con bebidas espirituosas gritando y dando saltitos al son de "me ha tocado el gordo", mientras se presume ante toda España que la diosa fortuna les ha hecho felices con tanto dinero. Tampoco se explica esa temeraria exhibición del décimo original ante las cámaras que suelen protagonizar muchos Manolos afortunados. El número de lotería que vendía el auténtico bar de Antonio de un barrio humilde de Madrid donde se ha grabado el anuncio está agotado desde hace tiempo, mientras el mensaje publicitario corre como la pólvora de conversación en conversación, ya sea virtual o presencial, lanzando al estrellato el rostro del tal Manuel. Pero, ¿cuántos serían capaces de hacer lo que hizo Antonio? ¿Cuántos de quienes aplauden el emotivo anuncio se identifican con el propietario del bar que aspira a seguir trabajando al día siguiente del sorteo? ¿Todos somos Manolos? ¿A que se entiende distinto el anuncio desde la perspectiva de la generosidad? Ojo con el lema: "El mayor premio es compartirlo".

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo