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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

El hueco de una aguja

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad17-09-2014

En la muralla de Jerusalén, además de las puertas históricas para acceder a la ciudad vieja existen pequeñas aberturas por las que apenas cabe una persona a pie. Era una forma de defensa para evitar el paso de las monturas en la urbe. Quien ha visitado la ciudad santa quizás sepa que esas puertas se llaman agujas y que es a ellas a las que se refiere el relato bíblico del joven rico: es más fácil que un camello entre por el hueco de una aguja que un rico en el reino de los cielos. Esa versión populista de Pablo Iglesias que tanto se cotiza ahora disfraza la comparación teológica con su teoría de las castas, señalando al pudiente como si se tratase del mismísimo demonio con rabo y cuernos. El periodista no tiene la función de juzgar la bondad del alma de un millonario ni la de un desahuciado, por lo que no entraremos aquí en esas cuestiones. Pero, tras el reciente fallecimiento de dos de los pesos pesados de la economía española como fueron Emilio Botín e Isidoro Álvarez, viene bien recordar lo de la aguja. Posiblemente ambos se hayan equivocado muchas veces y con sus decisiones hayan fastidiado a muchas personas, pero también han contribuido a la prosperidad de un buen número de familias y sus befeficios también han ido a parar a la sociedad. Lo hicieron creando empleo y respaldando obras sociales, educativas y culturales que sin su mecenazgo habrían dormitado en el sueño de los justos. Pero por desgracia, en esta España que cada vez parece simpatizar más con la demagogia barata y los derechos sin deberes ni sacrificio, se olvida que esos grandes empresarios que ahora han tenido que rendir las cuentas de su vida fueron un día simples curritos emprendedores y esforzados que, con el tiempo se hicieron con una gran fortuna. Estos días de obituarios (dijo hace unas semanas un tal Alfredo Pérez Rubalcaba que en España se entierra muy bien) podemos leer que quienes los conocieron subrayan la sencillez de algunos de sus gestos y hábitos cotidianos. Quizás con ella buscaban la paz de su alma o intentar lo de la aguja de la muralla de Jerusalén. Ahora habrán entendido su significado.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo