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SIN CONCESIONES

Pagan las clases medias

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión02-07-2014

Vaya por delante mi felicitación al Gobierno de España por bajar al fin los impuestos. De bien nacidos es ser agradecidos y a todo el mundo le agrada pagar menos a Hacienda. Así que tenemos un motivo para estar satisfechos. Por fin el Ejecutivo de Mariano Rajoy empieza a aprobar medidas que benefician directamente a los ciudadanos. ¡Ya era hora! Vale que la situación económica no lo ponía fácil hasta ahora y vale que primero había que salvar al país de la quiebra. Vaya por delante mi felicitación al PP de Rajoy por conseguir esquivar el cataclismo al que el país parecía abocado en 2011 y por sentar las bases para que salgamos de la crisis. Al César lo que es del César... ¡y ya! Los reconocimientos por delante y a continuación los reproches. La reforma fiscal anunciada por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas está bien o muy bien, dado que el IRPF baja para todos los contribuyentes. Baja especialmente para los contribuyentes con menos recursos, que tendrían que estar eximidos de la Declaración de la Renta desde hace más de una década. Ahora se solventa en gran medida la injusticia cometida con ellos durante años. Pero los segundos más beneficiados por esta reducción de impuestos son las clases altas. Cuanto más altas, más salen ganando. El ministro Cristóbal Montoro suprime los dos tramos más elevados del IRPF, los que afectaban a quienes cobraban, respectivamente, más de 120.000 y de 300.000 euros al año brutos. A partir de 2015, sufrirán la misma retención de quienes perciben un sueldo de 60.000 euros. Es decir, pagarán el mismo porcentaje pese a cobrar el doble e incluso diez veces más. Hasta un banquero o directivo de una gran multinacional que perciba un salario de 3 millones de euros sufrirá el mismo IRPF que el que tiene una nómina holgada. Lo peor de esta injusticia es el argumento con el que el Gobierno la justifica. "Son muy pocos", como si el efecto en las arcas públicas estuviera por encima del concepto de justicia social. El único aspecto positivo es que, cuando la reforma completa entre en vigor, estas clases altas seguirán pagando más impuestos que cuando Rajoy llegó a La Moncloa. Todos los demás, pagarán menos que en 2011. Aún así, debería haber más tramos proporcionales para rentas altas y altísimas. El efecto adverso de la bajada de impuestos recae, como siempre, en las clases medias. Pagarán menos IRPF pero su ahorro serán exiguo. Ganarán un poco más, pero sólo un poquito. Son los menos beneficiados pese a ser el sector de la población más amplio. Mejor dicho, son los menos beneficiados precisamente por ser el sector de la población más amplio. Hacienda no puede permitirse una disminución sustancial de impuestos para la principal clase social porque sus cuentas quedarían descuadradas. Cada euro que se rebaja a las clases medias conlleva un agujero para el Estado de 6 millones de euros. Sólo hay que echar las cuentas para entender las cábalas de Montoro. Sin embargo, entender no equivale a comprender y mucho menos a que sea oportuno. El otro castigo a las clases medias llega a través de las indemnizaciones por despido, que el Gobierno pretende recortar aún más. La reforma laboral que la ministra Fátima Báñez aprobó en febrero de 2012 abrió la puerta a pagar 20 días por año trabajado, frente a los 35 que aún están en vigor. Aquel abaratamiento de los despidos provocó una alud de ajustes en las empresas y dejó en la calle a muchos españoles, aunque con casi la mitad de indemnización prevista. Ahora llega otro tijeretazo a los más afectados por la crisis: quienes pierden el empleo. El Ejecutivo de Rajoy pretende arrebatar al despedido la quinta parte de la compensación. Hacienda asegura que sólo será para indemnizaciones elevadas, pero entonces debería utilizar otro método de cálculo. En vez de fijar un tope de 2.000 euros por año trabajado, que establezca una retención exclusivamente para los perciban más de 100.000 euros al ser despedidos. De lo contrario, volverá a castigar a trabajadores de clase media que llevan décadas al servicio de una empresa, que son despedidos con avanzada edad y que tienen que sobrevivir hasta la jubilación con la indemnización que Montoro ahora pretende recortar. En definitiva, la reforma fiscal está plagada de agujeros oscuros. Va en la buena dirección que el PP usó como eslogan de precampaña antes de las elecciones europeas. Pero tiene mucho que corregir y otro tanto que mejorar para ser del todo justa. Lo mejor que tiene, junto a la supresión del IRPF para las clases más bajas, son las ayudas para familias numerosas y con personas dependientes. La nueva renta especial de 100 euros mensuales por descendiente es un avance social que puede cambiar la vida de muchos hogares. Son pocos, pero son precisamente los que más ayuda necesitan en estos tiempos de crisis y los que, con tantos hijos, pagarán las pensiones del mañana. Es un incentivo a la natalidad que apenas comentan los expertos y que resulta imprescindible en una España con demasiada tendencia a envejecer. Criticar lo injusto no es óbice para aplaudir los aciertos.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito