Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE ESPAÑA

Urkullu, a rueda de Cataluña

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España21-04-2014

En el ciclismo hay un tipo de corredores detestados en el pelotón. Son los chuparruedas. Aquellos que se aprovechan del esfuerzo del que va comiendo bichos delante y tirando del resto. Los chuparruedas no se ofrecen a dar relevos, se limitan a ir protegidos del viento a la espera del cansancio del otro. A veces hasta fingen estar agotados para no ser señalados. Así avanzan, agazapados a la espera del mejor momento para lanzar el ataque cuando menos se le espera. El PNV juega a chupar la rueda de Cataluña en el asunto del soberanismo. Deja que sean ellos los que tiren del pelotón y se desgasten. Que sea CiU el que arriesgue. Mientras ellos alegan que ya lo intentaron con el Plan Ibarretxe. Mientras se mantienen vigilantes detrás por si cuaja la escapada meterse en ella sin llamar excesivamente la atención. Aprovechando el camino abierto. Pero ahí están pedaleando por detrás con su exigencia de un nuevo estatus político para Euskadi. El eufemismo vasco de la cosa. Iñigo Urkullu es un lehendakari que no se ha caracterizado, por el momento, por basar su gestión en la aventura independentista en la que sí está inmerso su colega catalán en la derecha nacionalista, Artur Mas.‎ El lehendakari choca con Madrid sobre todo en la estrategia del final de ETA, pero tampoco de una forma excesivamente visible. Es verdad que Urkullu siempre ha mostrado un perfil más institucional. Como también es verdad que celebraciones como la del Aberri Eguna son los escenarios que se reservan los jeltzales para venirse arriba y engorilarse sin tapujos ante los suyos. Como cuando las mujeres dejan a sus maridos que se vayan al fútbol a desmelenarse a gusto. Pero luego cuando vuelven al despacho vuelven a lo suyo que es el pacto. Porque no es menos cierto que el PNV siempre ha tenido una doble cara. Una más amable y otra que no tanto. Es un partido en el que han convivido dirigentes como Arzalluz, Imaz, Egibar, Urkullu... y los nacionalistas siempre se han sentido muy cómodos y han sacado mucho partido de esa especie de esquizofrenia perfectamente medida. Enarbolando un discurso u otro en función de lo que convenga en cada momento. Se saca la cara dura para asustar a Madrid para luego sacar la cara amable y sentarse en una negociación a la alta. Eso ha sido así siempre y el PNV está ya muy mayor para cambiar. En su larga Historia hay precedentes de pactos que van desde los viajes de Agirre por América o los contactos con los aliados de la Segunda Guerra Mundial. De Aznar a Zapatero o Batasuna. Hasta un documental estrenado el año pasado revelaba carantoñas con los nazis buscando apoyos para la independencia. Por eso a nadie le tendría que sorprender cualquier salida del PNV. Incluso con la izquierda abertzale, deseosa de arrebatarle el poder mientras ETA, muy descolgada ya del pelotón, sigue emitiendo comunicados irrelevantes. Por eso el PNV, siempre astuto, prefiere seguir chupando rueda, esperando, sin malgastar fuerzas a la espera de ver el desenlace de la aventura de Mas y siguiendo con mucha atención y precaución su pugna con ERC. Los buenos chuparruedas siempre han sabido controlar bien lo que tenían por delante, pero también lo que les venía por detrás.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio