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SIN CONCESIONES

La generación perdida

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión01-04-2014

Apenas se vislumbraba la crisis. Corrían todavía tiempos de fiesta y despilfarro. El paro comenzaba a crecer a gran velocidad pero millones de españoles mantenían aún un elevado tren de vida. Eran los comienzos de la tempestad que ahora ya ha pasado pero, como la peor de la galernas, sólo deja ver los terroríficos efectos de la tormenta cuando las aguas recuperan la tranquilidad. En aquellos inicios del derrumbe económico, unos pocos expertos alzaron la voz y pronosticaron que España tardaría diez años en regresar a donde estaba. Diez años, ni más ni menos. La advertencia de los gurús parecía exagerada pero ahora sabemos que fue tan real como la crisis misma. Atravesamos una década perdida y, como consecuencia, en la sociedad aflora también una generación perdida. Los expertos también lo pronosticaron. Junto a los efectos de la crisis, miles de personas quedarían desamparadas al finalizar sus estudios durante un largo periodo de tiempo. La recesión, el desempleo y la falta de oportunidades dejaría a multitud de jóvenes condenados a vivir junto a sus padres hasta rondar los 40 años. Parecía una exageración pero ahora sabemos que es verdad. Los informes de pobreza de Cáritas, esos que el ministro Cristóbal Montoro denosta y cuestiona, lo dejan bien claro. Hace tiempo que la estadística registró el millón de familias españolas con todos sus miembros en paro. Hace tiempo que muchos hijos y nietos subsisten con la pensión de 900 euros del abuelo. Esa es la generación perdida, es decir, la generación que el país está perdiendo por falta de empleo y por falta de recursos. Toda ayuda, pública y privada, es poca para auxiliar a esta generación. Pero luego hay otra generación perdida, mucho más preocupante si cabe. A ella pertenece los que están perdidos de ideas y valores, los que están perdidos de conciencia y de moral, los que están perdidos en un mar de dudas porque crecieron acostumbrados a tenerlo todo. La crisis económica ha aflorado una indignación ciudadana comprensible y lógica. Sin embargo, hay otra supuesta indignación, imposible de entender e inasumible por mucho ruido que haga. Esa es la generación del nuevo anarquismo, de las manifestaciones repletas de violencia, de la irracionalidad, del ataque a las instituciones, de la violación sistemática de la ley, del egoísmo individual que se esconde tras una falsa reivindicación colectiva. Esa es también una generación perdida porque no tiene norte ni sentido. Son jóvenes que se creen con derecho a todo y deber de nada. Son jóvenes sin capacidad para esforzarse porque siempre tuvieron de todo y siempre lo recibieron gratis. Son jóvenes que desprecian el presente porque nunca aprendieron el pasado y no tiene proyectos estables para el futuro. Esa generación es la del egoísmo, la del NO a todo, la de destruir en vez de construir. Es la generación que insulta a los profesores, que pega a los policías, que cuestiona a los jueces y que arremete sin distinción contra los políticos. Esa generación no reconoce autoridad alguna porque no le enseñaron a hacerlo en casa y en la escuela. Es la generación de los valores perdidos y, por consiguiente, una generación perdida que camina sin rumbo y arrasa con todo lo que pilla a su paso. Esa generación no es consecuencia de la crisis económica, aunque arma más bronca y recibe más atención por las circunstancias actuales. Pero esa generación, a diferencia de la otra que sufre, no merece ser escuchada. Es una generación fallida a la que hay que reeducar después de la universidad para que algún día pueda encontrarse a sí misma.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito