ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Qué bien le viene a Maduro lo de Crimea

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional26-03-2014
El tiempo se le acaba a Nicolás Maduro. Además, lo hace en una doble vertiente y ambas deberían preocuparle. En la primera de ellas no puede intervenir, pero en la segundo tiene el poder y de su actuación dependerá su propio futuro y el del pueblo venezolano. Al presidente de Venezuela le ha venido de perlas todo lo ocurrido en Crimea con la disputa entre Ucrania y Rusia. Los ojos de la comunidad internacional y de los medios de comunicación se han centrado en esa península del mar Negro. Han sido semanas en las que el resto de noticias han quedado en un segundo (o tercer) plano para la mayoría. Sin embargo, eso no significa que el resto del mundo se haya detenido. Ahora que el gran impacto crimeo ya ha pasado, la actualidad se diversifica y se volverá a hablar del conflicto venezolano. Mientras Rusia imponía sus intereses en Crimea, Nicolás Maduro aumentaba la represión social y política en Venezuela. Las multitudinarias manifestaciones que piden cambios y una regeneración democrática ya se han cobrado decenas de vidas. Además, representantes de la oposición han sido detenidos. El mensaje que lanza Maduro es claro. Por un lado se infunde el miedo a las personas para que tengan reparos a la hora de acudir a las manifestaciones, no vaya a ser que se vean afectados por los disturbios o se topen con los grupúsculos chavistas armados. Por otro lado, se amenaza a los políticos opositores para que midan al milímetro sus palabras y sus actuaciones, porque de lo contrario pueden acabar arrestados, juzgados rápidamente y encarcelados. Mientras tanto, el país cada vez está peor, más crispado y con problemas económicos como la gigante inflación y la carencia de productos básicos, algo que no es propio de un Estado rico en recursos, donde el petróleo debería ser una enorme fuente de ingresos, si está bien administrado. Nicolás Maduro está llevando a Venezuela al caos y al enfrentamiento. Y llegados a estos extremos ya no sirve la excusa de culpar a la oposición o al enemigo imperialista extranjero. Es conveniente que el presidente haga autocrítica y evalúe su gestión, porque evidentemente hay algo que está haciendo mal. En las manos de Maduro está defender sus políticas con argumentos y sin amenazas; iniciar contactos con los opositores, porque estos no son enemigos sino una posibilidad de colaboración; hacer reformas que beneficien a todos; acabar con la represión y el recorte de libertades; y tender puentes para la reconciliación social. Si, por el contrario, el presidente sigue en sus trece, tarde o temprano, la tensión se desbocará y Maduro acabaría siendo uno de los mayores perjudicados.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






