SIN CONCESIONES
11-Memorias

Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión11-03-2014
El 11 de marzo de 2004 estaba de campaña electoral en Barcelona y no en Madrid. Aquel día monté en avión en vez de en tren. Mi familia no resultó afectada. Mis amigos evitaron la tragedia. Ana, una alumna de la Universidad que resultó ligeramente herida, es mi nexo más cercano a aquel drama. Sin embargo, cada vez que veo un reportaje o leo una noticia sobre el mayor atentado terrorista de España me estremezco. El corazón tiembla como la arena en un terremoto y un sudor frío surge entre la piel como si fuera un tsunami de emociones. Soy persona antes que periodista. Así que no quiero imaginar lo que siente de verdad una víctima, lo que sufre y lo que la hacemos sufrir. Me enfada la insensibilidad de muchos medios de comunicación. Me molesta su oportunismo. Me duele la exageración. Me fastidia la irresponsabilidad. Y, sobre todo, no soporto el intento de alargar una mentira. Han pasado diez años del 11-M. Estos diez años son como once 11-M para las víctimas: el de la barbarie que sufrieron en 2004 y el duelo de los diez aniversarios que han llegado después. Son once formas de atravesar una misma tragedia. Son once tragedias en una misma. El bucle de recuerdos se repite una y otra vez como una noria de atracciones a gran velocidad, en la que las náuseas y los mareos posteriores son peores que el miedo del inicio. Si el atentado es malo, lo que viene a continuación es mucho peor. Lo sabe y lo demuestra Pilar Manjón, a la que el PSOE de Zapatero trató de convertir en un icono y que una década después derrocha más dolor que cuando acababa de enterrar a su hijo. El 11-M se escribe con 'm' de Memoria. La memoria de las víctimas es un vistazo permanente hacia atrás, donde el pasado se convierte en presente como una hoja perenne que nunca cae al suelo. Los ojos al frente pero el dolor inmutable en el retrovisor. Sólo hay una cosa peor que el sufrimiento de aquella jornada y es revivir el dolor una vez tras otra en los 3.652 días que han trascurrido en esta década. Son 3.652 tragedias. Son 3.652 lloros desconsolados. Son 3.652 maneras de revivir el 11-M, con el mismo dolor de 2004 y con la añoranza hacia quienes murieron por las bombas de los trenes. Ellos no están aquí y nunca volverán. Pero permanecen en nuestra memoria, en la memoria de la gratitud y del cariño, que es donde deben estar y siempre estarán.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






