ANÁLISIS DE ESPAÑA
11M: Ni ETA, ni Iraq

Por Alejandro Requeijo
2 min
España10-03-2014
Por supuesto que no se sabe toda la verdad sobre los atentados del 11M. Sencillamente el hecho de que algunos de sus máximos responsables se inmolasen en Leganés semanas después de la matanza coartó a la sociedad española de una parte de ese todo que es la verdad. Pero han pasado diez años. Una década desde aquella mañana y aquella gran manifestación al día siguiente en la que la gente salió en masa a la calle sin tener claro contra quién lo hacía. En una parte de la marcha se gritaba contra ETA y unos metros más atrás se preguntaba “¿quién ha sido?”. Eso pasó. Pero si bien es cierto que estos diez años no han servido para conocer esa parte de la verdad que nos fue sustraída, sí que han servido para saber lo que no fue o lo que no hubo detrás del 11M. Ni ETA, ni la guerra de Iraq. Los dos argumentos sobre los que pivotó aquellos días la lucha política por mantener el poder o arrebatarlo han sido diluidos por el tiempo, las evidencias y el análisis más sosegado de los hechos. Ni los autores era unos simples “moritos de Lavapiés”, ni la fecha elegida tenía por objeto condicionar unas elecciones. Por el resquicio de la incapacidad de conocer toda la verdad se colaron muchas cosas. Retirar las tropas de Iraq fue considerado una concesión a los terroristas, “ni desiertos ni montañas muy lejanas”, ETA y Al Qaeda confeccionando artefactos al alimón, explosivo Titadyne, una trama policial de manipulación de pruebas… muchas cosas, demasiadas. En la sentencia de los hechos (donde no se juzga la inducción del atentado, sino si los acusados han cometido un delito o no) se dice que el material empleado en los trenes procedía de Mina Conchita (Asturias) y que ese explosivo era GOMA 2. Esa es una de las principales conclusiones que cierra el círculo de lo que fue una cadena de errores, de informaciones no compartidas entre cuerpos policiales, de confidentes que no hicieron su trabajo… La seguridad total no existe por cosas como estas. Se produjo el atentado y una instrucción posterior a veces desbordada y contagiada por la inexperiencia de entonces frente a un tipo de terrorismo nuevo. Aún hoy hay quien a todo eso lo llama la “versión oficial”, entendiendo como “oficial” unas conclusiones de cartón piedra mayoritariamente aceptadas sobre lo que sucedió el 11M, pero que no necesariamente tienen por qué responder a la verdad. Una cosa es asumir la imposibilidad de conocer el todo por las razones ya expuestas y otra aprovechar esa realidad durante diez años para desacreditar lo acreditado sin aportar ninguna evidencia. Tan sólo alimentando dudas. Y siguen.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






