ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
De Kiev a Crimea: Ucrania, en la encrucijada

Por Isaac Á. Calvo
3 min
Internacional03-03-2014
Ucrania está en una encrucijada. Su ubicación geoestratégica, la herencia de la Guerra Fría, una gestión política cuestionable, el descontento en parte de la población y las injerencias externas son algunos de los elementos que se dan cita y que suponen un enorme riesgo de conflicto. Las protestas opositoras en las calles de la capital, Kiev, derivaron en graves disturbios que fueron brutalmente reprimidos por las Fuerzas de Seguridad. Decenas de personas perdieron la vida y la huida del entonces presidente Víktor Yanukovich hacia Crimea desencadenó una urgente actuación política de la oposición, que logró que el Parlamento destituyera a Yanukovich y se creara un nuevo Gobierno. La elección de Crimea como destino del ex presidente no fue casualidad. En esa región autónoma ucraniana, más de la mitad de la población se considera étnicamente rusa, es proclive a aumentar los lazos con Rusia y alberga un importante puerto de la flota rusa (fruto de acuerdos bilaterales). Yanukovich, también rusófilo, se sentía más seguro ahí antes de partir a territorio ruso, desde donde dijo que se vio obligado a huir de Ucrania, culpó a los violentos profascitas de lo ocurrido y pidió disculpas por no haber podido frenar los disturbios. El ex mandatario, además, dijo seguir siendo el presidente legítimo salido de las urnas y solicitó ayuda a Moscú para reconducir el conflicto. Oficialmente, Rusia anda con pies de plomo. Sin embargo, el despliegue de hombres armados sin distintivos, el asalto violento a instituciones oficiales de Crimea junto con el izado de la bandera rusa, y el movimiento de tropas del Ejército ruso en las zonas fronterizas, en las inmediaciones de las instalaciones militares en suelo crimeo y en puntos estratégicos de la península dan a entender que la sombra del Kremlin es alargada. No sería la primera vez que Rusia desarrolla una política de desgaste, de enrarecimiento de la situación y de provocación, a la espera de que las autoridades locales den un paso en falso que sea utilizado por Moscú para actuar abiertamente según sus intereses. Ya dice el refrán que a "río revuelto, ganancia de pescadores". Mientras tanto, Barack Obama, le recuerda a Rusia que intervenir en Ucrania tendrá un precio. Lo que no sabe el presidente de Estados Unidos es si su homólogo ruso, Vladímir Putin, está dispuesto a pagarlo, aunque, visto los antecedentes, es posible que sí. Todo depende de qué le interese más a Putin, si aumentar su influencia en una Crimea dentro de Ucrania, si provocar que esta región se escinda y se convierta en una república independiente títere del Kremlin, o si, directamente, se anexiona Crimea a la Federación Rusa. Desde la caída de la Unión Soviética, en 1991, Estados Unidos y Occidente se sintieron vencedores de la Guerra Fría y hasta podría decirse que ningunearon a Rusia. Sin embargo, parece que se olvidaron de que Moscú mantiene una enorme influencia en determinadas zonas del planeta, tiene recursos naturales y conserva un potencial bélico impresionante, que incluye armas atómicas. Rusia es una potencia y actúa como tal, defendiendo sus intereses (incluso saltándose la legalidad), al igual que lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo otras potencias. Por tanto, en este conflicto, Putin acabará haciendo lo que crea más oportuno, aunque tenga que soportar presiones diplomáticas, reprobaciones e incluso sanciones internacionales. Los gobiernos ruso y estadounidense están condenados a entenderse, por el bien de todos, y a pesar del sufrimiento de algunos.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






