ANÁLISIS DE CULTURA
Época senil

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura19-02-2014
Tildan de carga a todo aquel que cumpla más de 65 años. Sacos de huesos que sirven para poco más que aprovechar la dulce y larga jubilación. Para cuidar a los nietos, para echar una petanca, o para admirar el mundo sentado desde un banco. Pero están muy equivocados los que creen que su única actividad terrenal es esa. Hubo un tiempo en el que como ancianos y sabios que son, formaban parte de los consejos, los que decidían qué leyes se aplicaban o no. Los que decidían qué pena se aplicaba a un delincuente. Los que, en definitiva, eran los elegidos para decidir la hoja de ruta porque su mayor talismán era la experiencia de la vida. Una de las mayores representaciones de lo que significa ser anciano se puede ver en los cines y se llama Nebraska. No es sólo un oasis en medio del desierto de películas de calidad, también un homenaje a la humildad, lejos de la droga y la fastuosa riqueza que se convierte en un mundo con barrotes, una cárcel real y moral. Pero un hombre inteligente de verdad es aquel que se nutre de conocimientos a lo largo de la vida que no tienen por qué contarse ni guardarse en los bolsillos. Ese saber se guarda en la capa más interna de nuestra memoria, la de las anécdotas diarias: un abrazo, un logro, pero sobre todo, un tropiezo. Es con esos errores que se quedan pegados en la mente con los que revertimos nuestra suerte. Pero la mayoría de las veces uno no se da cuenta de su desdicha o felicidad hasta que es mayor. El ciclo continúa imparable y de ahí la importancia de fijarnos en los que están por encima. Alexander Payne ha demostrado en Nebraska que Estados Unidos no tiene forma de hamburguesa ni los bebés nacen con un café de Starbucks bajo el brazo. Es un país de tradiciones, de una paz en algunos lugares de trascendencia estoica, gente íntegra detrás de los sabuesos. Vamos, como en todas partes, aunque en algunos lugares sea más difícil encontrarlos que una aguja en un pajar. Donde los abuelos están muchas veces tan tirados en la cuneta como aquí. Una lección de moral que deja aparcados los iPads , móviles y demás artilugios de distracción para que el individualismo deje de ahogarnos en este mar de alegrías que nos perdemos por mirarnos el ombligo. Obras de arte como la de Payne se hacen más que recomendables para poner los pies en la tierra y recordar que tú también te harás mayor, en un momento en el que los jóvenes sufren demencia senil precoz.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






