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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Los vivos

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad05-02-2014

No era Semana Santa, pero un gran paso morado procesionó por el manifestómetro habitual de las calles de Madrid. La idea de un grupo de feministas asturianas caló en el sector pro abortista y movilizó a centenares de mujeres de toda España. Incluso, hubo representación del extranjero y hasta las damas moradas de la política nacional se subieron al carro del populista viaje de 'El tren de la libertad'. Dicen que la Ley del aborto de 2010, elaborada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y su entonces ministra lila Bibiana Aído, está bien como está, mientras cada año se impide el nacimiento de unos 120.000 niños en España. Dicen que ellas tienen el derecho de elegir qué hacer con su cuerpo, como si un embrión fuese un estreñimiento y bastase con un laxante para soltar lastre. Dicen que no se las puede obligar a llevar el peso de una maternidad no deseada, como el niño que pega la bronca porque no quiere ir al colegio o tomarse el puré. Dicen que ser madre les causaría un trauma psicológico insuperable como si la vida fuese color de rosa (ellas la ven color nazareno...) y los "problemas" se solucionaran tirando por la calle de en medio en vez de afrontando la realidad con un par de ovarios. Dicen que no quieren estar abandonadas y esclavas en casa, sacando adelante a hijos con discapacidades. Y en eso tienen razón: en España se apoya poco a la maternidad y tampoco se conocen los servicios existentes de ayuda a esas mujeres a las que un embarazo les causa una complicada situación pero defienden la vida que hay en su vientre por encima de un futuro más cómodo. También es verdad que la marcha morada no tiene otras voces que la contra argumenten con fuerza y solvencia, porque el denominado sector pro vida carece de tanto dinamismo y rapidez de reacción. Y, claro, no llenan portadas con el torso desnudo... Pero, de entre todas las cuestiones que más chirría en el argumentario morado está la afirmación que hacen sin ningún pudor: que ellas también son pro vida y defienden la vida. Pero, matizan que "la vida de los vivos", como si hubiese otra forma de existir sin estar vivo, como si jamás hubiesen visto una ecografía de pocas semanas de gestación, como si un embarazo no fuese un proyecto que necesita el apoyo y el acompañamiento que ellas reclaman en otros ámbitos. Dicen que tienen derechos a no ser madres (como todos tenemos derecho al primero de todos, la vida), pero olvidan que los seres humanos también tenemos obligaciones para vivir en democracia, como defender a los más débiles, entre quienes también están los vivos que viven en decenas de miles de vientres.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo