ANÁLISIS DE ESPAÑA
Crea tu propio partido

Por Alejandro Requeijo
2 min
España27-01-2014
Prolifera últimamente la irrupción de nuevos partidos políticos. Desde que comenzó la crisis la cifra ha aumentado significativamente. Por la derecha, por la izquierda y por caminos más difíciles de clasificar. Casi todos con un denominador común: el cabreo general o concreto hacia algo o alguien. Un sentimiento de injusticia o agravio ante el que sienten la necesidad de resarcirse con votos. Y uno se pregunta si las urnas están para eso. El último que ha amagado ha sido el juez Elpidio Silva, como antes lo hizo Garzón. Víctimas del terrorismo dan el paso del asociacionismo a la política movidos por el rechazo a la estrategia contra ETA de Rajoy. Por la izquierda aparece Podemos, que promete canalizar el descontento de la calle. Y estos son sólo algunos, pero hay muchos más... Ya no es tan importante tener un programa o un discurso integral sobre las cuestiones de Estado. Basta tener muy claro una o dos cosas e intuir el resto. O simplemente que tu persona o tus siglas sean asociadas colectivamente a algo como carta de presentación (anticorrupción , antiETA, anticapitalismo, antiBlesa...) Y uno se pregunta si con esto es suficiente. Ninguno de estos partidos va a gobernar nunca España. Difícilmente tendrán siquiera un poder relativo. Su vocación es más bien la de influir y condicionar el debate de la manera que más incomoda (quizá la única) a los partidos grandes: haciéndoles perder votos. Esto evidencia una realidad y una carencia. Nos lleva a asumir la realidad de que la partitocracia ha llegado ya a tal punto que obliga a los ciudadanos a organizarse en torno a formaciones políticas para que les hagan caso. Como cuando en la discoteca te obligan a llevar zapatos para poder entrar al baile. Lo grave es asumir que si te quedas fuera, no cuentas para nada. No digamos ya si integras la insignificante mayoría silenciosa. Directamente no existes. Ya ves el caso que se le hace a la abstención, in crescendo elección tras elección. La proliferación de nuevos partidos no significa necesariamente una mayor pluralidad política. Además es caer en la trampa. Obligan a competir con unas mismas reglas cuando en realidad no hay igualdad de condiciones. Crear un partido no es sólo presentar unas siglas en una rueda de prensa. Un partido es tiempo, dedicación, campañas, viajes, apoyos, dinero... y eso está al alcance de muy pocos. Lo que se echa en falta quizá es la presencia de una sociedad civil fuerte, viva, independiente y despolitizada. Un asociacionismo con poder real de influencia. Hoy todo movimiento espontáneo se politiza. Asociaciones respetables acaban siendo fagocitadas por alguna sigla. Cualquier expresión social que puede merecer la pena ya nace ante la desconfianza general. "¿Quién estará detrás de estos?". Esto ha pasado hasta con algo tan estimulante como que un socio del Barcelona de forma individual consiga tumbar a su presidente. Pasa que casi nunca es ni tan individual, ni tan estimulante, ni tan espontáneo.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






