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ANÁLISIS DE CULTURA

Canta, ríe y bebe

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura2 min
Cultura25-12-2013

Asoman los primeros temporales de invierno, las gotas de agua avanzan deprisa por las ventanas cubiertas de vaho. Los niños se levantan con un cosquilleo en el estómago. Es 24 de diciembre, Nochebuena, y las casas huelen a horno, a ricos manjares que hoy más que nunca las familias se afanan en preparar con más maña que nunca. La costumbres sin embargo cambian con sigilo, casi sin darnos cuenta. El multiculturalismo nos lleva a adoptar otras modas. La tradición de la zambomba, la botella de anís o la pandereta se encuentra como una especie en extinción que, por cierto, no deberíamos olvidar. A los que aún la siguen se les llama bizarros con cariño, porque ahora se estila la celebración sobria, europea, distinta. Canta, ríe y bebe, que hoy es Nochebuena, que en estos momentos no hay que tener pena. Dale a la zambomba, dale al almirez y dale a tu suegra la pulga después. Villancicos tradicionales, esas voces de los niños cantores que año tras año se convertían en el sonido que acompañaba la Navidad, y que hoy se escuchan cada vez menos. Tradición tan antigua como Veni redentor gens, himno atribuido a San Ambrosio de Milán entre el 340 y 397 o en el siglo XV, en pleno Renacimiento. El cancionero de palacio amenizaba las fiestas, y en el siglo XVII hasta ocho voces sonaban acompañadas del violón, harpa y órgano. La Navidad, a diferencia de otras fiestas, se celebra de forma casi unánime en nuestro país. Hasta el más ateo reúne a su familia durante estas fechas. Son dos semanas en las que le damos al pause a nuestra vida frenética y cada vez más fría para reunir a los nuestros y vivir con el estómago. No importan los excesos, sino la muestra de que tenemos cerca a gente que nos quiere Y ese individualismo en el que estamos cayendo casi sin darnos cuenta no debe romper ese brindis porque el año que viene sea mejor, que no nos atragantemos con las 12 uvas para que el 2014 no se malo y que los Reyes lleguen, cargados o no, pero sobre todo repletos de esperanza. La mala suerte, el paro y muchas otras desdichas se alivian un rato con el chiquirritín, el borriquito y los pastores que van a Belén. No es una tontería, es la demostración de que aún no hemos perdido la cabeza, se pasa rápido pero templa el ánimo. Y que mejor momento para decir... Feliz Navidad.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press