ANÁLISIS DE CULTURA
Más maquiavélicos que nunca

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura11-12-2013
Se encontraba la autora de este análisis estudiando la vida y obra de Maquiavelo cuando cayó en la cuenta de que se cumplían ese mismo días 500 años desde que finalizara la escritura de El Príncipe. Si siempre ha sido necesario estudiar sus escritos, estemos más o menos de acuerdo, ahora resultan más necesarios si cabe, en plena batalla por evitar romper lo que en su día se construyó. Aunque alguno que otro los tache de poco morales y tan eficaces que huelen a oportunismo, lo cierto es que si la política es relación social, también es cierto que es una ciencia. Y como en todo, siempre hay un objetivo a cumplir. ¿No son los más temidos los que consiguen sus fines? Fuera frívolo o no, y pese a tener una mala fama que ha derivado en el calificativo “maquiavélico” para todo aquel tan astuto que llegue a la traición, su capacidad de insistencia y constancia en su amor a la patria bien se echa hoy de menos. Aún condenado a la oscuridad de la aldea y el destierro, jamás perdería la conciencia de su dignidad y su inteligencia, las mismas que usaría para unificar Italia. (…) Llegada la noche, vuelvo a casa y entro en mi escritorio; en su puerta me despojo de la vida cotidiana, llena de barro y mugre, y me visto con paños reales y curiales; así, decentemente vestido, entro en las viejas cortes de los hombres antiguos(…) Sus enseñanzas, nostálgicas del pasado perfecto, un poco más alejadas de su visión de futuro en El Príncipe, dejan una reflexión: ¿por qué miramos hacia el futuro y nos tropezamos con la piedra que hace muchos años esquivamos? Es lo que se pregunta el autor, fijándose sobre todo en las instituciones romanas, plasmadas en Discursos sobre la primera Década de Tito Livio. Una mezcla entre el poder monárquico (cónsules), aristocrático (senado) y popular (la plebe, a la que hay que escuchar para conseguir el equilibrio. Si entonces Roma logró sus hazañas. ¿Por qué no ahora? Hoy resurge su obra, en pleno atasco democrático, en medio del sí y el no a recolocar los muebles de la Constitución. Porque decía Maquiavelo que si Roma se hubiera mantenido tranquila hubiera dejado de ser libre y poderosa. En España las aguas no es que estén tranquilas, sino sólo revueltas. A su lado, los políticos son más maquiavélicos que nunca.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






