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IMPRESIONES

Las ideas de los náufragos

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión14-11-2013

“Me quedo rezando muy extrañado por esto. No entiendo nada”. Es la penúltima frase que me escribe un buen amigo mientras hablamos de otro cuya vida pende de un hilo. Hay una argumentación médica muy razonable que explica porqué ayer hacíamos chistes y planes con un tercero con el que ya no sabemos si volveremos a hablar en esta vida. Pero la lógica de la Biología no explica lo absurdo de muchos acontecimientos biográficos. Y hablar de la vida humana es hablar de biografías, no de biologías. Hace unas horas me ha llegado un mail muy piadoso explicándolo todo. Incluso, qué podemos hacer ante una situación como esta. Muy de manual. Y me he acordado de mi amigo, y de un texto de Ortega y Gasset, que comparto contigo: “La vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus ‘ideas’ no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad. El hombre de cabeza clara es el que se liberta de esas ‘ideas’ fantasmagóricas y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ellas es problemático, y se siente perdido. Como esto es la pura verdad -a saber, que vivir es sentirse perdido-, el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a lo que agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida. Estas son las únicas ideas verdaderas; las ideas de los náufragos. Lo demás es retórica, postura, íntima farsa. El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad”. (J. Ortega y Gasset, La rebelión de las masas, Espasa Calpe, Colección Austral, 1995, p. 200). El náufrago descubre que su vida se adensa al orientarse hacia un futuro imposible lleno de sentido que será truncado por una muerte tan absurda como necesaria. Cualquier otra ‘idea’, convenimos con Ortega, es muy problemática. Ésta, sin embargo, más que problemática, se me presenta como misteriosa. Es misteriosa porque es la única idea que a un tiempo nos invita y obliga a ser quienes tenemos que ser y a hacer lo que tenemos que hacer. Es una invitación porque ni se nos impone ni admite demostración alguna. Es una obligación porque al descubrirla caemos en la cuenta de que ser o hacer cualquier otra cosa es falsificarnos a nosotros mismos. Pienso ahora, quizá me equivoque, que esa conciencia de náufragos, que es experiencia radical de búsqueda, ha fraguado nuestra amistad. Nos ha invitado y obligado a buscar juntos las únicas respuestas auténticas. También en esta difícil hora. Esta búsqueda no deshace el caos de la vida humana, pero sí ordena, una y otra vez, cada una de las nuestras.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach