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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Basura

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad10-11-2013

Madrid está sucio. La capital de España parece un auténtico vertedero. Los trabajadores de las empresas que trabajan en la recogida de las basuras de la ciudad presionan con la huelga en busca de sus derechos. Pero han ido pasando los días y la porquería ha llenado las calles, y las imágenes han infestado las primeras planas de los diarios nacionales. Peor aún: la manida marca España se ha visto tocada por el conflicto laboral de un servicio público que pagan los ciudadanos con sus impuestos. Los turistas que han visitado la ciudad estos días se han ido defraudados. No querían hacer ni fotos. Los comerciantes se quejan de que la situación les perjudica y algún tonto -por no utilizar otro calificativo- incendia contenedores y vacía papeleras para enturbiar aún más el río revuelto. Pero, por mucho que se quejen los madrileños y por mucho que la imagen de España quede ensuciada con tanta basura (física y propagandística), lo del vertedero callejero no tiene una mínima importancia comparado con otras catástrofes de las que nos trae al fresco lo que les ocurra a sus víctimas. Y el tifón Yolanda en Filipinas es un ejemplo más que de actualidad. El olor de la humedad y podredumbre de la escombrera que ha dejado el tifón en aquel rincón del planeta que en su día ayudó al imperio español a que no se pusiese el sol no llega al olfato de los madrileñitos indignados. En la villa y corte no se advierte la desolación de las gentes que vivirían mejor con esa basura que mancha las calles matritenses. Sin salir de la capital filipina, en el barrio marginal de Payatas, malviven 200.000 personas. Su centro de sustento, referencia y supervivencia es un gran basurero. Ahí parece no haber derecho a la huelga. Ni mucho menos. Las casas no son las de un humilde españolito hipotecado a punto de ser expulsado de la vivienda por el banco. Todas las situaciones duelen, a cada uno la suya, pero algunas duelen mucho más. En Payatas viven bajo cartones, chapas y tableros, sin cristales en las ventanas. En tales circunstancias no hace falta que un tifón arrase con todo. Una simple tormenta convierte tales techumbres en una escombrera como la de las imágenes que ha propiciado Yolanda en el país asiático. Las cifras del dolor filipino deberían quitar la mierda de las portadas del egocéntrico Occidente, aunque su capital de la basura sea estos días Madrid. Más de 10.000 personas han muerto por la devastación de Yolanda. Cientos de miles se han quedado sin casa. Días, meses, tardarán sus calles en estar impolutas, si es que llegan a tal. En la capital del viejo reino donde no se ponía el sol un día de estos llegará la solución. Para entonces, lo que ha ocurrido en Filipinas estará olvidado.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo