ROJO SOBRE GRIS
Y se hizo tú

Por Amalia Casado
1 min
Opinión17-10-2013
Lo tengo ahí, en la punta de la lengua, al borde de la vida, en el umbral donde las ideas dejan de ser invisibles para poderlas encontrar. Está ahí, ¡ahí mismo! Pero no se le pegan las palabras y no se deja pronunciar. Como el pelo fino, que lo tocas y se enreda. Pues igual: se deshace si te acercas, se embadurna y se despalabra. Te aproximas de puntillas y en sigilo pero entonces se hace invisible y no lo puedes encontrar. Se me escurre entre los dedos el recuerdo como el agua, como mercurio que no se deja atrapar. Revoltoso. Insolente. A veces se balbucea inacabado, irreconocible e impronunciable como un nudo entre mi lengua y mi garganta que golpea las paredes de la memoria y no se logra desatar cuando llega a los labios; se atropella en algún lugar entre aquí y aquí, dentro de mí misma. No recuerdo el camino de vuelta a cada cosa que pasa; se me pierde a cada instante y a veces no lo puedo encontrar. Pero te miro y estás ahí, como un mapa para recorrer otra vez la vida entera, como la palabra de amor que un día pronuncié y se hizo tú. Rojo sobre gris… no me acuerdo bien, pero te quiero.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






