SIN CONCESIONES
Cuestión de Educación

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión15-10-2013
La buena educación no depende de una reforma política ni de un sistema que cambia con cada relevo en La Moncloa. Tampoco depende de una ideología, al contrario más bien, depende de la ausencia de intenciones doctrinales. La buena educación no depende de un centro público o privado, sino de la voluntad de enseñar de los profesores y del clima de aprendizaje que crean en las aulas. La buena educación no consiste en machacar al alumno para que se esfuerce ni tampoco en bajar el nivel para lograr una elevada media de aprobados. La buena educación depende de todos, desde los políticos que elaboran las leyes de enseñanza hasta los bedeles que vigilan los pasillos. Y en España falla el sistema casi al completo. Los españoles ocupamos los últimos puestos de todos los estudios que confecciona la OCDE sobre educación. Por algo será... En 35 años de democracia sólo ha habido dos grandes leyes de enseñanza y ambas las promulgó el PSOE. La LOGSE en 1990 y la LOE en 2006. El PP de José María Aznar también aprobó su propia norma en 2002 pero ni siquiera llegó a aplicarse porque José Luis Rodríguez Zapatero la derogó nada más pisar La Moncloa. El también socialista Alfredo Pérez Rubalcaba ha prometido lo mismo con la nueva ley que promueve el ministro José Ignacio Wert. Le tacha de sectario por cambiar el sistema en solitario pero Rubalcaba cae en un sectarismo todavía mayor al dar por muerta la propia reforma antes incluso de ponerse en marcha. La izquierda de este país cree que tiene el monopolio de la educación en España y eso es más tirano que el intento loable de Wert de mejorar el sistema. Es evidente que la educación necesita una reforma en profundidad. Los datos ponen de manifiesto que el nivel de enseñanza es mucho peor que el de otros países desarrollados, a pesar de que aquí se invierte más dinero público que en Alemania, Finlandia o Italia. Este argumento ya sería suficiente para retocar el sistema, salvo que algunos quieran condenar a España a quedarse toda la vida en el furgón de cola de la educación mundial. Pero hay más motivos para el cambio. Hay que reforzar la enseñanza de Inglés, aunque al balear José Ramón Bauzá le monten un cirio por darle más peso que al catalán. Hay que potenciar Lengua porque los chavales llegan a la universidad con graves carencias de ortografía, gramática y sintaxis. ¡Lo compruebo cada año!. Hay que impulsar las matemáticas porque muchos ciudadanos son incapaces de entender una factura o de calcular mentalmente la cesta de la compra. Y hay que impartir conocimientos de geografía e historia que vayan más allá de los límites de la propia comunidad autónoma. Esa es la buena educación que necesita España. Pero no la única. Hace falta una transmisión de valores inherentes a la condición humana, como el esfuerzo, la superación, el trabajo en equipo, la solidaridad, la honradez, la verdad, la honestidad, el compañerismo, el servicio a los demás, la responsabilidad, la capacidad de iniciativa... El sistema también requiere profesores que sean modelo de conocimientos y de comportamiento para los más jóvenes. Ellos aprenden lo que ven y repiten lo que observan. La buena educación depende, por encima de todas las cosas, de las personas que la hacen posible. En mi caso, dependió de magníficos maestros como Mariví, Belén, Adela, María José, Margarita, María Luisa y Juan Encinas, quien supo alimentar la pasión por la escritura que me empujó a ser periodista. Ellos, que ahora festejan los 50 años del Colegio Stella Maris, y otros muchos profesores merecen un homenaje por la entrega diaria al alumno. Es en ellos y en los padres donde comienza la buena educación. Pero no olvidemos que también hace falta un buen sistema. Y en España, por desgracia, no lo tenemos.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






