SIN CONCESIONES
Caer y levantarse

Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión09-09-2013
España. Un país legendario con más de 500 años de historia. Un país que construyó a base de alianzas un imperio en el que nunca se ponía el sol. España. Una sociedad plural, amalgama de culturas y distintas tradiciones. España. Un carácter latino, abierto, extrovertido, acogedor y divertido. Un espíritu atractivo pero sumamente complejo, casi bipolar. Una nación deconstruida que recela de sus símbolos, que cuestiona permanentemente a sus líderes y con tendencia a caer en el pesimismo noventayochista que tanto daño causó al proyecto compartido por todos. España, habituada a vender la piel del oso antes de cazarlo y aficionada a rasgarse las vestiduras cuando llegan los fracasos. Para lo bueno y para lo malo, así es España. Mejor dicho, así somos los españoles. Porque el sentimiento de un país no es un ente abstracto e intangible que sobrevuela por encima de las cabezas de los ciudadanos, sino que es la suma de las voluntades y los comportamientos colectivos. La humillante derrota de Madrid en la elección de los Juegos Olímpicos de 2020 ha sacado a relucir lo mejor y lo peor de los españoles. Entusiasmo y euforia antes de la votación. Depresión y fustigo generalizado tras la derrota. Hay razones de sobra para enfadarse con la decisión del Comité Olímpico Internacional, puesto que Madrid superaba a Tokio y Estambul en todas las facetas. Pero precisamente porque la candidatura española era claramente superior no hay que emprender una caza de brujas. El Príncipe Felipe se metió al país en el bolsillo con un discurso perfecto, los deportistas brillaron como siempre y los políticos estuvieron bastante por encima de lo que cabía esperar de ellos. Autocrítica sí, para aprender de los errores cometidos y mejorar en un futuro. Haraquiri no, por mucho que hayan ganado los japoneses y queramos imitar sus tradiciones. Todavía nos falta aprender que fracasar no es morir, sino simplemente caer; y que no hay mayor victoria que superar los tropiezos porque son los errores -no los aciertos- los que nos enseñan a ser más fuertes y mejores. "Nuestro mayor éxito no consiste en no haber caído nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos". Esta frase del escritor C.S. Lewis refleja a la perfección la mentalidad de los triunfadores. Somos humanos, somos imperfectos. Por supuesto, cometemos errores y nos equivocamos. Pero sólo alcanzan el éxito los que se reponen a un fracaso y prosiguen el camino con una lección más en la mochila y con mayor entusiasmo. En noviembre se cumplirán 60 años de la muerte de Lewis, quien además de esta frase dejó un inmenso legado literario e intelectual. Pero tenemos otro genio contemporáneo que impartió la misma lección. Steve Jobs, fundador de Apple e inventor del iPhone y del iPad, regaló idéntica reflexión en el célebre discurso de graduación de la Universidad de Stanford. "Nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple", aseveró al recordar cuando le despidieron de la compañía que él mismo había creado y cómo después le pidieron que regresara para reflotar el proyecto. Con sus ideas visionarias, Jobs se convirtió en un mito para la generación actual pero pocos conocen este episodio trascendental en su vida. Deberíamos tomar nota de Steve Jobs y de C.S. Lewis para ser capaces de superar las numerosas adversidades que encontramos a lo largo de la vida. De mi etapa en la Universidad, todavía recuerdo otra reflexión que me cambió la mente y abrió el corazón. La profesora de Antropología aportó un argumento clave para vencer al sufrimiento. "No te obceques en averiguar por qué sufres, pues no siempre encontrarás la respuesta y sólo servirá para anclarte al dolor. Pregúntate para qué sufres y aprenderás el camino para dejar atrás los malos momentos y alcanzar la felicidad". Pilar hablaba del sufrimiento más hondo pero también de las pequeñas piedras con las que tropezamos y que a veces confundimos con un despeñadero. Sufrir nos enseña a valorar más la felicidad. Llorar nos ayuda a soltar las penas. Caer nos muestra que somos vulnerables e imperfectos y nos empuja a mejorar para que no vuelva a ocurrir. Las palabras explican este pensamiento pero donde realmente se pone en práctica y se ejercita todos los días es en el deporte. No hay ninguna disciplina como el deporte que resuma mejor esta experiencia. Y los Juegos Olímpicos son la mayor cita mundial del deporte. Siempre ha sido así y seguirá siendo así, desde la antigua Grecia hasta Tokio 2020. Las medallas de oro sólo se alcanzan a través de un intenso trabajo, de un ingente esfuerzo y de una constancia inasequible al desaliento. Así se forjan los grandes, en el deporte y en casi todas las facetas de la vida. Lástima que en España solemos admirar más a quienes consiguen las cosas sin mérito y con poco esfuerzo que a los que realizan enormes sacrificios. Esta forma de pensar explica la extendida cultura del pelotazo o la proliferación de famosos de pacotilla en las televisiones. Pero ahora tenemos una oportunidad de cambiar todo esto. Reponernos al varapalo de Madrid 2020 y seguir trabajando para sacar el país adelante. Con Juegos Olímpicos o sin ellos, lo que está en juego es nuestro futuro y sólo nosotros podemos construirlo. Con un cambio de mentalidad lo lograremos y, quizá algún día, lograremos que la capital de España consiga las ansiadas olimpiadas.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






